domingo, 2 de noviembre de 2008

“ISAURO YOSA, EL MAYOR LISTER”

“Isauro Yosa, el Mayor Lister” es el titulo del primer capitulo de Trochas y fusiles, un libro escrito por el sociólogo Alfredo Molano a finales de la década del 80, en el marco de un recorrido ascendente por el rió Duda hasta el lugar en el que se encontraba – por ese entonces – el Estado Mayor de las FARC: “Casa verde”.

El relato parte de los recuerdos de un viejo habitante de Chaparral conocido con el nombre de Isauro Yosa, alias Mayor Lister. Él comienza narrando algunos momentos de su vida personal la cual se va convirtiendo, paulatinamente, en la vida de algunos de los habitantes de este municipio del Tolima. Esto se debe a que sus problemas, fundamentalmente aquellos con los que se enfrentó, son los mismos a los que se tuvieron que enfrentar una serie de familias campesinas de Chaparral: la lucha por una justa remuneración de los productos que cultivaban, por un pedazo de tierra y por no dejarse matar.
Empero, los recuerdos del Mayor Lister no son producto del “ocio creativo” de Alfredo Molano; son un intento por sistematizar, de la manera mas fiel, las añoranzas de un fallecido integrante del Partido Comunista Colombiano. Para ello – dice Molano – “un viejo militante del Partido […] Gerardo González, que conocimos en el primer foro sobre La Macarena llevado a cabo en Vista Hermosa en el año 85, nos hizo la relación” [225]. De esta forma, conoció “en uno de los barrios que rodeaba a Soacha a Isauro”, quien “tendría en ese momento unos sesenta años y sufría de los riñones […] Tenía un cuerpo robusto que debió ser fuerte pero no ágil” y – según Molano – “hablaba con mucho cuidado, midiendo cada palabra, pero poco a poco fue dejándonos ver su alma” [225-226].
El encuentro con Yosa le proporcionó a Molano, a partir de un recurso periodístico, un testimonio único. Este testimonio, aparte de ser narrado por el personaje del Mayor Lister quien lo hace por medio de algunos resúmenes, aceleraciones y escenas, alberga en su interior otros discursos que Molano logra amarrar alrededor de la voz de Isauro, los cuales son producto de otras entrevistas y de algunas palabrejas propias de la tradición oral. Esto configura unos diálogos breves, en los que el narrador delega la voz a otro para lograr una interacción.
La obra de carpintería efectuada por Molano en “Isauro Yosa, el Mayor Lister” en cuanto a la coexistencia de discursos, pone en evidencia, parcialmente, el carácter contradictorio de aquellos que encarnaron el papel de insurgentes. En contraste con otras obras que privilegian una pluralidad de conciencias plenamente independientes, las voces que coexisten en el relato, aunque encuentran su sustento en unas condiciones similares de existencia las cuales les hacen pensar y actuar bajo la urgencia de exigir, luchar y salvaguardarse, configuran una ambigüedad única que pone entre la espada y la pared a Isauro Yosa y sus allegados. Por ello, se debaten entre el ser y el deber ser, entre la muerte y el sobrevivir, entre Eros y Tanatos:
“Cuando salí del hospital, a los cuarenta días de haber entrado, la cosa ya se había prendido. Los muertos abundaban y eran conocidos. Los asesinos no. La policía no daba cuenta ni razón de nada, como si lo que pasaba fuera en el país de al lado. Por eso fue que tocó ponernos sobre las armas; porque nadie respondía. El alcalde se alzaba de hombros como diciendo: miren a ver. Por eso toco hacerle caso y mirar por uno” [31].
El “instinto” de supervivencia del que hace referencia Isauro, se constituye – desde su punto de vista – en una reacción a un Estado que ha privilegiado los intereses de unos pocos y ha volcado las armas de su ejercito contra la población. Esta respuesta impregna de un carácter dramático todo el relato del Mayor Lister, el cual parte de unos motivos distintos (la alteración de las romanas, el descontento por el asesinato de Gaitán y la violencia conservadora y estatal) que estructuran un motivo recurrente: el constante ejercicio de la violencia por parte de aquellos que quieren preservar el orden existente (hacendados y conservadores).
Basta con examinar la expresión de Isauro cuando afirma que los patrones de las haciendas “se volvieron acérrimos, muy acérrimos, hasta el punto de importar mayordomos para amaestrar comunistas” [27-28] o cuando expresa que más de cien mil hombres lo estaban buscando, dizque por ser el jefe de los comunistas [33] para corroborar la intención, tanto de los gamonales como del Estado, por aplacar los focos de lucha y resistencia que se venían gestando por medio de un ejercicio represivo, el cual fue llevado a sus limites: la violencia armada. La encrucijada que le planteó la represión oficial al Mayor Lister y a sus cercanos, los hizo responder de la misma manera: asumiendo la violencia como forma de supervivencia.
“En la vereda que llamábamos Apicalá teníamos organizadas unas comisiones con cuatro escopetas que no alcanzaban mas de dos metros, hechas para el pajareo y no para la guerra. Teníamos también lanzas encabadas en palos. Era todo nuestro arsenal. Habíamos organizado las comisiones porque en una vereda cercana, llamada El Totumo, la chulavita había masacrado a una familia liberal entera y había hecho chicharrón con ella” [31].
Por tal razón, la violencia no fue una simple causa de los levantamientos en armas; también fue una herramienta que preservó la vida de decenas de familias campesinas. Este detalle, al no ser omitido por el Mayor Lister, enriquece la narración con nuevos elementos acerca de la violencia; sobre todo porque la ubica como una práctica ejecutada por las partes involucradas en el conflicto y pone en evidencia la susceptibilidad de los hombres a la dinámica de la guerra, expresión más elevada para recrear odios, intensiones o aspiraciones.
En medio de los múltiples interrogantes que puede suscitar el texto*, la reelaboración lingüística a la que Molano somete el discurso de Yosa le permite tejer una narración oscilante entre el periodismo y la literatura. Esta oscilación obedece a que del periodismo emplea algunos de sus elementos constitutivos: por ejemplo, la pretensión de objetividad y la cronología de los hechos; mientras tanto, de la literatura toma prestados sus recursos narrativos y ante todo la necesidad de intentar reelaborar un hecho. De esta forma, “Isauro Yosa, el Mayor Lister” se presenta como una propuesta híbrida dentro del espectro de la narrativa colombiana.
En suma, Alfredo Molano al pulir el testimonio del Mayor Lister muestra una historia de vida capaz de trasmitir sensaciones únicas. Sobre todo para revela la ambivalencia que plantea un momento tan agudo como el que caracterizó a Colombia durante las décadas del 40 y 50, es decir sugiere la posibilidad de la resignación o de la subversión ante lo existente y legalmente impuesto; sugiere la posibilidad de afrontar la responsabilidad de emplear las armas sin perder el horizonte o de naufragar en los mares de la tanatomanía.
* ¿Por qué el narrador deja de ser una mascara del autor? ¿Qué diferencia existe entre persona y personaje? ¿Cuál es el limite entre “realidad” y ficción? entre otras.

Gabriel Bermúdez

Molano, Alfredo. “Isauro Yosa, el Mayor Lister”. En: Trochas y fusiles. El Ancora Editores. Bogotá. 1999.

1 comentario:

  1. que el mayor lister fue una persona que motiva para pelear por unos derechos justos los cuales el gobierno an dejado en el olvido vamos gente pueblo alzemonos y luchemos por lo que verdaderamente nos corresponde

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