martes, 16 de diciembre de 2008

LA PATRIA DE MIGUEL ANTONIO CARO

En Colombia, es normal ver cómo las altas clases dirigentes utilizan indiscriminadamente símbolos propios –tales como la bandera, el escudo, el himno nacional, entre otros– so pretexto de enaltecer y glorificar nuestra identidad nacional. Mas, las verdaderas intenciones de este fenómeno se encuentran fundadas en el sentimentalismo que promueven con estos elementos, los cuales para ellos y el ciudadano del común, son exclusivamente “sagrados”. Parece ser que la estrategia ha resultado bastante fructífera, pues durante años la han tomado para la dominación –si se quiere el término– de la conciencia colectiva, de sus imaginarios, creencias y convicciones.

La literatura ha servido para dichos fines. Un ejemplo fehaciente de esta practica hegemónica en la historia, la podremos encontrar en Patria del político y poeta Miguel Antonio Caro (1843 1909) El poema Patria es un reflejo fidedigno del sentir nacional oficialista. Ese que sumió al país en los tiempos en que se constituyó “La Regeneración” y el dominio por extensión del Conservatismo.


Ese mismo sentir que ahora nos venden los gobernantes de turno y sus medios masivos de comunicación, con sus shows y las exitosas operaciones militares – la Jaque, entre otras–, los pocos triunfos de la “gloriosa” selección Colombia de Fútbol y las voces de representación en el mundo de Juanes y Shakira; todos esos elementos que utilizan bajo el manto de patria, sentir nacional e identidad son inviolables. Porque el que no entone el Himno Nacional con fuerza y con respeto, es un “veneco"[1] o un “mister”. Aquel que no ice la bandera el 20 de Julio u otra fecha especial, es un antipatriótico. El que no alabe las gestas gubernamentales es un bastardo de la patria, terrorista y apátrida.

Pero volvamos al poema: existe un hecho que sin duda se vislumbra en la composición del autor y es el referido a las concepciones de “honra, lealtad y honor”, que son imprescindibles en la voz poética. Él, se siente un hijo protegido de esa madre patria –personalizada y ennoblecida como ser superior–. En términos más acordes con su clase, la patria “endiosada” del poeta (político) es fuente de grandeza y de orgullo del ser colombiano.
A propósito, señala Ricardo Burgos que esta condición reinante no surge de la nada –y es apenas lógico– por lo que tiene una profunda raíz histórica: “hacia 1886 logra imponerse la Arcadia Heleno-Católica a la Utopía Liberal y así es como Colombia ingresa en el siglo XX. En este período de hegemonía conservadora que sólo vendrá a interrumpirse hacia 1930 con el comienzo de la llamada República Liberal, se acallan la visión científica y el pensamiento racionalista que representan la Modernidad, y en su lugar se consolidan "viejos valores hacendarios" que privilegiaban conceptos como el de la honra y el honor, y desdeñaban procesos de autonomía individual o secularización"
[2].

Si la Constitución Política de Colombia de 1886 tenía por consigna a nuestro territorio como “el país del sagrado corazón de Jesús”, no hay por qué ocultar ese carácter de resignación y sumisión que ha tenido el colombiano del común a los mandatos tanto extranjeros como divinos. No olvidemos que Caro cumplió cargos presidenciales en esa época y que impulsó la Regeneración, como proyecto político “godo” para perpetrarse en el poder. ¡Y ufanaba de ser hijo de una buena patria en ese poema, cuando sabemos en qué condición quedó nuestra verdadera nación, luego de ese arrasamiento católico - represivo!

Por esta razón, es que el ser colombiano navegaba en los mares de la ignorancia y no aceptaba pensamientos divergentes. Tenía como obligación adorar hasta donde fuera posible concepciones que al final le son ajenas, como la patria. Esa patria que Caro alude místicamente, pero que en el fondo ha excluido al colombiano. Esa patria que abandona a sus hijos luego de nacer.

PATRIA
¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.
No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.
Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.
Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy pedazo

[1] VENECO: Referencia peyorativa del ser “Venezolano”.
[2] Burgos, Ricardo. La ciencia ficción en Colombia. Tesis de Maestría. Bogotá: Universidad Javeriana, 1998. Disponible en la red: http://www.javeriana.edu.co/narrativa_colombiana/contenido/modelos/cienciafic.htm
Juan Eliecer Carrillo

4 comentarios:

  1. Para quienes en su tiempo libre encuentran invitaciones tales como leer en este tipo de blogs; abiertos y creados por aquellos que respiran y viven por la literatura. Encontramos, con mucha satisfacción publicaciones muy bien logradas, comentarios serios que revelan una posición clara frente a temas que lo demandan. Deseo felicitar a este grupo de estudio e investigación y espero que sigan adelante.

    ResponderEliminar
  2. Excelente artículo y su información de historia, la cual no sabía. Totalmente de acuerdo.
    Yo recuerdo haber aprendido de memoria ese poema cuando joven, y una vez, estando con mi noviecita Marta, le dije: "Marta, te adoro en mi silencio mudo y temo profanar tu nombre santo, por tí he gozado y padecido tanto, como lengua mortal decir no pudo".
    Y ella me dijo "ay que lindo, repítelo, repítelo", y yo le respondí "No, eso fue una inspiración de momento"...

    ResponderEliminar
  3. Mi madre lo repetia constantemente, aun con su mente ya nublada por los años. Para mi es simplemente un verso de amor

    ResponderEliminar

¿QUÉ OPINA USTED?