sábado, 6 de septiembre de 2008

AIRE DE TANGO: ENTRE LO POPULAR, LA MITIFICACIÓN Y LA NOSTALGIA

Aire de tango de Manuel Mejía Vallejo es una novela publicada en 1973. En ella un narrador anónimo cuenta algunos aspectos de la vida de Jairo, un cuchillero del barrio Guayaquil de Medellín, que nace el mismo día de la muerte de Gardel en un accidente aéreo en la capital antioqueña, el lunes 24 de junio de 1935. En medio de su vida violenta, en la que la muerte está siempre al acecho, Jairo desarrolla un afecto especial por Gardel, muy parecido a la idolatría: guarda apuntes de periódicos y revistas que hablan sobre la vida del cantante, se imagina momentos de vida que han quedado en el silencio, y hasta actúa como lo haría el argentino. El narrador lo sigue en estos devaneos y se convierte en el cómplice no solo de las noches en medio del tango, sino también de las peleas de Jairo, porque el narrador es quien recoge los cuchillos una vez terminados los combates. Pero en ese Guayaquil criminal, las traiciones por la lucha del poder se hacen cotidianas; por eso el narrador confiesa en medio de los aguardientes, que él mismo fue quien asesinó a su amigo Jairo, tan sólo para ganar un territorio propicio para el crimen.

Lo que tal vez es más evidente en la novela es la mitificación de Carlos Gardel: de él se aprecia su capacidad para emerger de la pobreza, de hacerse a un nombre (su verdadero apellido es incierto), de fraguarse una vida juvenil de pícaro de la que finalmente lo redime su voz, de amar con vehemencia y volcar todos sus fracasos en el tango. Gardel vive en la novela como un icono del individuo de barriada que se ve reflejado no sólo en sus composiciones sino también en la vida que experimenta: la novela lo muestra como la materialización de la esperanza de quienes, desde las raíces populares y la agitada vida de cuchilleros, creen que pueden correr la misma suerte del rey del tango y superar las vicisitudes de una existencia aciaga.

Pero la suerte es adversa y en este mundo que “fue y será una porquería” sólo le resta al ser humano exhiliarse en su intimidad o salir a combatir por la felicidad. Para el primero de los casos, dice el narrador de la novela: “El tango es cosa de hombres solos”. Allí donde el ser humano no ha encontrado el amor, donde sus ídolos han muerto o en fin, donde los dioses lo han dejado solo, están las líricas de un tango para salvarlo. La soledad es una vivencia de todos los personajes de la obra, pero en especial de Jairo quien en el hermetismo de su habitación descubre la otra cara de su vida cotidiana: la de un ser frágil, que en público no se arredra para matar, pero que en la intimidad de su mobiliario de trastienda siente el peso de la nostalgia. Sumergido en sus recuerdos de Gardel, Jairo llora en sus noches de soledad, mientras practica con sus cuchillos y escucha el tango.

Como el autoexilio no es definitivo, Jairo debe salir de vez en cuando a vérselas con el mundo y es ahí donde Mejía Vallejo ha logrado atrapar el aire de tango que puebla la novela: la música y la literatura se hermanan en el momento en el que ambas acceden a los vericuetos de la vida de las zonas marginales. En esas expresiones conocemos el amor de prostíbulos, los vicios irreparables, la sensación de ir cayendo por la vida, los particulares trabajos que se deben realizar para ganarse la existencia y hasta los coqueteos con el diablo. Tanto en el tango como en la novela de Mejía Vallejo la vida del arrabal se explora en sus detalles, no sólo desde las acciones y el perfil de los caracteres sino en el mismo lenguaje utilizado.

Todos estos elementos los corona esa sensación que en ocasiones es particular en el tango: la de la profunda nostalgia. “La vida es un costalao de recuerdos” - afirma el narrador de la novela - y solo queda retornar a ellos. Tanto Jairo como el narrador realizan este ejercicio ambiguo, en el que se encuentran a la vez con felicidades y desdichas. Jairo halla en Gardel un ídolo que con su voz le ganó al mundo de las adversidades, mientras que el narrador rememora sus afectos con Jairo, que terminan de manera violenta. En ambos casos la nostalgia es una extraña sensación en la que se tiene la seguridad de que los viejos buenos tiempos son irrecuperables o en todo caso tan solo revividos por una memoria dolorosa. Por eso en la novela se asegura que “el tango es el arte del hombre que está de regreso y ya no puede ser el mismo” pero ante la evidencia de un pasado idílico, hace todo lo posible por recuperarlo.

La novela es precisamente un ejercicio de recuerdo triste de un malevo y de un cuchillero, pero además es la revitalización de toda una época y de un estilo de vida. Con Aire de tango percibimos la presencia viva de Gardel y entendemos algunos de los rasgos de las vidas de barriada de los muchos Guayaquiles de Colombia y el mundo: esos que bajo el sonido de los bandoneones y las guitarras hacen revivir la nostalgia.


Leonardo Monroy Zuluaga

Ficha del libro: Mejía Vallejo, Manuel. Aire de tango. Medellín: Editorial Bedout, 1973.

2 comentarios:

  1. Jairo el personaje anonimo del que aca se habla, vive en jardin y es mas conocido como toba, mas conocido por ser el personaje que se puede ver voceando a todo pulmon ''El Colombiano'' en el video la tierra de equimosis....

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