jueves, 3 de mayo de 2012

LOS DOCE INFIERNOS


Doce infiernos, doce cuentos en que el escritor cartagenero Germán Espinosa va a desarrollar una serie de sometimientos del ser humano por parte del juego, de lo sexual,  la existencia misma y el  olvido,  su erudición, de la dominación española en esas tierras que tanto ha obsesionado sus obras y que puede establecerse en el último cuento.
En casa ha muerto un negro, es el cuento que abre el libro, y de esta manera el lector se encontrará con el sometimiento racial moderno: un trabajo mal recompensado, humillado; esclavizado por su tono de piel.  
Dicho relato se intensificará, cuando dos personas están en el cuadro sospechoso de la muerte de “el negro”. El asesinato incrementa las reflexiones sobre un modernismo fuera de estas tierras y lleno de sobras, sobre lo que uno de los personajes con un pensamiento humanístico va a reflexionar: “…las grandes corrientes mundiales llegan tardías y debilitadas a Latinoamérica, y aplicaba este axioma al antisemitismo” p. 19. Son esas corrientes que empezaron la esclavitud, son esas mismas que intentaron acabarla, pero en las tierras suramericanas se han instalado tanto en nuestra piel como  cáncer que nos consume en nuestros actos y palabras.
En Una esquela para María Victoria, las calles capitalinas de la nación colombiana son el escenario para que una mujer reciba varias cartas que logran hacer perder la tranquilidad de ella y de su esposo (Antonio), pero que poco a poco… “Un admirador se había animado por fin, al empleo de palabras francamente impúdicas” p. 29. Esas palabras serán una fragancia de nostalgia por parte de Antonio, ya que él se sumergirá en las cuentas bancarias de los gastos mensuales  mientras se sucumbe en la oscuridad del desespero por saber qué tanto lee ella.
La imagen de un personaje literario como lo es Lucifer, puede manifestarse, evidentemente por su nombre, en el cuento llamado El ángel caído, pero este título no desarrollará su historia acerca de este individuo, sino que rompe con el relato de Adán y Eva. Regina es una mujer de altos modales, de una crianza y gran fortuna esperando una salvación para su eternidad carnal. El Adán que espera es de tierras lejanas y durante el relato va haber un rompimiento con las estructuras clásicas, ya que al parecer es una pareja perfecta de “alta” clase. Pero al darse cuenta que este ángel que tanto espera la decepciona en la cama, él mismo decide marcharse ya que “Sollozaba de un modo absurdo y chocante, como si experimentase dolor y repugnancia de sí mismo”. P. 46. Y aunque lo intentaron muchas noches, el resultado fue el mismo.
La muerte y la ausencia en una familia que necesita recordar a sus muertos por medio de la infancia es lo que se desarrolla en el relato La alcoba, donde el recuerdo y, tal vez, el odio de la vida por seres que no nacieron, hagan perpetuar el fantasma de la memoria. De esta manera, la existencia misma cobra un matiz distinto y confuso para desarrollar la idea, ya que en la lectura existe una conversación constante sobre la explicación de la enfermedad de un nonato, y sus descendientes: “-Creyó que todos sus hijos nacerían mutilados. Yo traté de explicarle que se trataba de un accidente. Es posible que su madre hubiese tomado medicamentos contraindicados durante el embarazo”. P. 57. Dentro de este relato parecerá que los muertos se vengan de lo que no hicieron cuando uno de sus hijos tome la palabra y siembre la reflexión, porque “… su existencia asquea”. P. 58. Es la existencia misma del recuerdo que va a perturbar a los personajes por medio de explicaciones sobre posibles abortos.
Los artistas dejan un legado, no sólo en sus obras, sino que también, en sus discípulos, en sus alumnos. Dentro del relato Los suplicantes, un maestro de pintura va a estar presente por medio de otras bocas, de otras voces, y de una mujer caleña, que ha seguido los trazos de ese pintor con nuevas técnicas, y conflictos sociales, y que ella misma, por medio de las conversaciones con el hijo de ese  maestro va a darle consejos… “Para que veás que, cuando se asumen los riesgos de una vocación, hay que ir en confianza”. P. 74
De los bares rugen las cadenas intuitivas en las reflexiones humanas, del misterio en el  dios romano Baco, se desarrolla un símbolo de lujuria y promiscuidad. Andrés, un músico que frecuenta lechos nocturnos para su libertad, conocerá en el bar “El Partenón”,  una oferta muy distinta a sus expectativas. Pasar de un abismo hacía otro es una manifestación del Moira, del destino que le preparaba una sorpresa en su talento musical cuando en uno de esos bares, donde las nalgas gordas y ceñidas hacían una representación de la armonía carnal del mundo, su amigo Erik realiza una propuesta francamente deslumbradora, pero “Él sabía muy bien que en Colombia habíamos pasado sin transiciones de la mula al reactor, pero ir de una banda de café a la Orquesta Sinfónica se le antojaba el colmo de las acrobacias”. P. 108. Nuevamente Espinosa nos hace recordar el aceleramiento de nuestra cultura, o la Culturización cultural, como lo iba a llamar más adelante en un ensayo del libro la “Elipse de la codorniz”.
Este aceleramiento, para muchos críticos, fue o es, una amenaza que parece formar parte de una estigmatización de razas, de conocimientos y de culturas, donde el eurocentrismo propone, pero que muchas veces impone sus desarrollos para moldear el mundo y sus ideologías. Este relato concluirá con un espectador de la Orquesta, que ha estado meditabundo mediante la lectura, y  que al manifestar su armonía con la música y el mundo, nos hace recordar  el mito de Prometeo  “…cuando las águilas de estuco agitaron las alas y se precipitaron sobre sus entrañas”. P. 113.
Pero la literatura puede apartarse por mucho tiempo de esta dominación eurocentrista y de su cosmovisión del mundo, ya que las influencias escriturales desempeñarán una larga tradición en el mar. Odiseo, va a estar presente en el relato Fábula del pescador y la sirena, pero a diferencia del personaje de Homero,  que tapa sus oídos con cera y  se hace amarrar al mástil del barco, un pescador hará parte de este canto, quien al arrojarse al mar conocerá los placeres que el humano puede otorgar.
A diferencia de la Sirenas homéricas (canto de ellas que sirve para atraer los extraviados y dar un no retorno),  es que no habrá un tiempo para tal situación, es decir, que no habrá tiempo para recordarlo todo y tendrá un orgasmo con las  sirenas que puede asquearlo, ya que  no hay una proximidad para un fin, sino que es un constante abrumador por medio de sus recuerdos,  de su mortalidad, y el pescador, intentando explicarle a uno de sus compañeros su tardanza en el mar, reflexiona con ciertas palabras filosóficas: “… porque no es la intemporalidad o la condición mortal lo que diferencia a los hombres de los dioses, sino la capacidad de perdón”. P. 102. Tal parece que al sumergirse en el mar con las sirenas, a lo que le advirtieron a Odiseo, devolverá a los mortales con una sabiduría, y no, como un mal en los mares de Poseidón. De esta manera, Espinosa le dará un giro distinto a esos seres maravillosos para recrearlos en las aguas colombianas.
La Inquisición y el más antiguo artilugio que tiene la mujer  para manipular o someter al mismo ser, es lo que viene a desarrollarse en Fábula del juez Melesio y de la bella inocente. La sensualidad, el sexo, es un mecanismo que los dos personajes vienen a manifestar, pero cuando el juez posee su cuerpo por medio de las acusaciones de brujería, ella describe este acto de una forma desesperada: “Vio monstruos grotescos e infernales bailar alrededor de una hoguera. Descendió a los infiernos y se sintió picada por el chuzo perpetuo de Satán,”. P. 130.   Pero este juez cae en el artilugio de la doncella, cuando se de cuenta que la rebelión de la raza afroamericana ha empezado y los súbditos del juez están caídos y su propio infierno empezará: “Vio a Melesio correr hacia la puerta interior, para quedarse hecho piedra al descubrir el esqueleto acuchillado y aspirar el vaho de tinieblas que arrojaba la casa”. P.132.
La erudición de este gran escritor colombiano, se manifestará en el cuento El río de los salmones sagrados, sobrela vida de Marcel Proust. Dentro de este relato se mencionará, con insistencia, otro gran escritor como lo es Kafka, una de las influencias, según Espinoza, de Proust, ya que éste decide tener un ayuno de literatura: “No leería más libros fuera de este. Para ser franco, hacía dieciocho años que no lo hacía”. P. 87. La angustia empieza a roer al escritor del cuento (Proust),  cuando su deseo de publicar lo haga escribir (inconscientemente) su autobiografía, y empiece Espinosa a darnos a conocer algo de la vida de este gran escritor, como que iba a ser abogado, que tuvo complicaciones con las lecturas, ya que “Era la historia de un escritor desesperado porque no se publicaban su obras”. P. 89. Dentro de este relato,  Germán Espinosa será paródico con el estilo literario del francés, cuando menciona que “… Marcel Proust vino a estropearlo todo lamentablemente”. P. 90.
Paladines, relato de un erudito sometido a una clase de tortura por medio de los recuerdos, y que es un  preso político. En el relato el narrador se convierte en su conciencia: “No puedes, no debes perder de vista esa posibilidad. Vas a convertirte en un asesino y eso no es lo peor. Lo peor será que estos carceleros te matarán a palos…” P. 138. Dentro de esta conciencia se va a contar la vida del preso, dentro de la malicia natural de asesinar y obtener su libertad girará el relato.
En el  último relato, llamado Las fábricas vidriosas, se destaca la estructura de su escrito (muchas comas, pocos puntos) además de sus grandes conocimientos de la cultura universal (conocimiento del francés, de la historia, y otros), a tal punto que puede ser una de las primeras manifestaciones para su gran obra La tejedora de coronas, novela de la ilustración y la inquisición. En este cuento la espera de sus objetos pueden enloquecer al narrador, en la soledad de sus memorias intelectuales, “Porque la insatisfacción aspira a ser una salvaguarda de la muerte, no un camino hacia ella… porque ya no hay remedio”. P. 162.
Finalmente, el lector al acercarse a este círculo de doce cuentos, estará empeñado, quizá, en continuar la obra de este gran escritor, que le dio a Colombia y a la literatura tantas aperturas a formas narrativas, a temas históricos, y someternos al recuerdo de grandes autores universales de la literatura. Cada uno de nosotros puede estar identificado con las intermitencias de estos infiernos.

LUIS FERNANDO ABELLO
FICHA DEL LIBRO: ESPINOSA, Germán. Los doce infiernos. Instituto Colombiano de Cultura, Editorial Stella, 1976. 

1 comentario:

  1. ya se había realizado en este sitio una reseña sobre este libro y este autor. sin embargo, Luis Fernando hace otras aportaciones desde su mirada crítica que contribuyen a que las miradas entorno de Los doce Infiernos de Germán Espinosa sean cada vez mayores y más elaboradas.

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