lunes, 26 de marzo de 2012

NOTAS DE INFRAMUNDO

 A juzgar por los antecedentes – una serie de anécdotas surgidas en Buenos Aires y colgadas en un blog, un poco desteñidas a decir verdad- es Notas de inframundo la primera obra en prosa realmente seria de Alejandro Cortés González.  Aparte de ser creativo publicitario –tal como aparece en la pestaña de la novela mencionada- y de cierto perfil al mismo tiempo irreverente y elegante, a Alejandro Cortés no se le conoce en el campo literario nacional.
Notas de inframundo es el título de su primera novela, ganadora del concurso nacional de Novela Corta organizado por la Universidad Central en 2009. La novela cala bien en la convocatoria: 108 páginas con un interlineado agradable y hojas en blanco para el cambio de capítulos. De entrada, la extensión es un aperitivo para lectores con afanes lo cual no indica que la obra sea superficial.
Notas de Inframundo narra la historia de Leo Rodríguez, un metalero que se convierte en la comidilla de un grupo de facebook conformado por sus ex novias y encargado de deteriorar su reputación. La obra se mueve entre la exploración del misterio sobre la persona que está detrás del grupo y los recuerdos de Leo Rodríguez sobre su vida como bajista de la banda Bajo Tierra.
Debo decir que tengo un prurito frente a ciertos lugares comunes de las obras que exploran la vida de los rockeros. Me desencanta esa suerte de obsesión por mostrarlos como viciosos desmedidos cuya existencia azarosa termina siempre en la tempestad de la vida nocturna (algo de eso hay en la realidad, aunque no es apropiado caer en la estigmatización, como si en otras expresiones musicales no se cultivaran la violencia y los vicios abiertamente). Me desencanta igualmente, el que a los rockeros se les muestre torpes, casi siempre irracionales, entregados al hedonismo.
En la literatura colombiana se han ensayado imágenes de rockeros –músicos y fans- con diferentes niveles de acierto. Preferiría, en ese sentido, los melómanos de Las ceremonias del deseo de Sandro Romero Rey, a esa especie de profeta del Metal, protagonista principal de la novela Conciertos del desconcierto de Manuel Giraldo. Recuerdo asimismo el grupo de amigos de la rubia de Que viva la música de Andrés Caicedo y los devaneos de algunos personajes de Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiedo. En todos existe, por momentos o definitivamente, esa mezcla de sexo, drogas y música que en ocasiones se torna previsible.
Aunque no se aparta totalmente de esos lugares comunes, Notas de inframundo da un giro a la representación del rockero, en especial del músico, apuntando hacia las dificultades que existen –más, en un país tropical, con una insípida tradición en el género- de organizar una banda de Metal. En sintonía con el espíritu de la obra podríamos recordar el estribillo de una de las canciones de AC/DC, que con voz profética afirma: “It´s a long way to the top if you want to rock a roll”.
Siguiendo a Bon Scott, el camino para Leo Rodríguez –protagonista de Notas de inframundo- es largo y, sumaríamos, con una nota local, pedregoso. Rodríguez debe arreglárselas, por ejemplo,  para convertir su guitarra en un bajo (quitándole las dos primeras cuerdas), ahorrar con empeño para hacerse a un bajo de verdad (de “combate”, por cierto), y hasta sonsacar de la iglesia al tecladista de la banda, y de la orquesta del colegio al baterista. Por si fuera poco, luego de consolidada la formación, Rodríguez vive junto con la banda, la decepción de los contratos incumplidos o, en ocasiones, la injusta indiferencia –cuando no repulsa- del público. ¿Qué músico de rock colombiano no se siente identificado con este camino?
Detrás de todos estos inconvenientes, que Rodríguez narra con cierta sorna, emana lo que considero uno de los aciertos de la obra, acaso no del todo explorado debido al paginaje: el imaginario del músico de Metal. Es un imaginario construido en el placer de sentirse creador, pero también de ser reconocido por fans de diferentes pelambres. Es un imaginario que se soporta en la esperanza de que en cualquier momento la fama alumbrará ese camino de espinas y se vivirá por siempre de conciertos y regalías de discos. Es un imaginario que, como en el caso de Leo Rodríguez deriva en el afán por una vida sin compromisos, en contravía con la idea de éxito que ha engendrado la sociedad burguesa. Rodríguez afirma, en este sentido:
En conclusión, mi progreso ha sido seguir siendo igual. No estudié, no he trabajado en nada diferente a Leo Pan, la mensajería en la empresa de abogados y el bar; no me he casado, ni siquiera tengo una novia estable, no planeo tener hijos, no planeo nada. (77).
Esa faceta del rockero se desarrolla en contrapunto con la de sus relaciones sexuales y cuasi amorosas, en las que Rodríguez hace gala –en sintonía con su visión del mundo- de un cinismo provocador. En el afán de descubrir cuál de sus ex amantes es la responsable de los vituperios proferidos por la red, Rodríguez realiza otro ejercicio de memoria en el que pasan escenas de sexo que varían de acuerdo con la mujer de turno. Pese a lo fugaz de las relaciones, la caracterización de los personajes –Rodríguez y sus amantes-  no trastabilla, lo que es elogiable en una novela corta.
Acaso lo que aleje la imagen común de ese rockero que asegura su promiscuidad desde la fama mínima que le produce el ser músico, es la manera como Rodríguez expresa los inconvenientes en sus relaciones: regularmente lo hace con sentencias cortas, cargadas –ya se ha dicho- de cinismo y humor negro. Tal cual, por ejemplo, esta afirmación de Leo sobre una de sus conquistas: “Ella decía que mi esperma era azucarada y le gustaba mucho. Qué bueno que alguien haya encontrado mi lado dulce” (71).
Recapitulando, hay un equilibrio casi imperceptible entre las cuitas de un músico de Metal en Colombia y su actitud desenfadada, que termina por burlarse de la vida con todo y relaciones afectivas. A esto hay que sumarle, en el plano de la estructura, la conservación de un misterio que se mantiene hasta la última página y la descripción rápida que se hace de escenas y personajes. Finalmente los lectores pueden encontrar en la escritura de esta novela el mismo vértigo de un tema de Metal lo cual podría quitarle  méritos pero a la vez hacerla atractiva. 
Leonardo Monroy Zuluaga
Ficha del Libro: Cortés Gonzalez, Alejandro. Notas de Inframundo. Bogotá: universidad Central, 2005. 

4 comentarios:

  1. profesor leonardo monroy una vez mas sus escritos me han cautivado... la manera en la que describe esta esta novela es muy particular en usted. mis mas sinceros respetos

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  2. Le agradezco sus palabras y espero que nos siga visitando en este sitio.

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  3. ¿En donde se puede encontrar esta obra? no la encuentro por ninguna parte..ni siquiera han oído hablar de ella,cosa que me molesta un poco y tampoco encuentro en pdf. Gracias.

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  4. Laura, en Bogotá puede haber 2 opciones para conseguir la novela: en la Universidad Central que es la editorial de la obra o en la Feria del Libro. Dudo mucho que la encuentre en formato digital. Como dato adicional, la novela no es muy costosa.

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