jueves, 10 de febrero de 2011

CUCHILLA DE EVELIO JOSÉ ROSERO

Hagamos un leve preámbulo de carácter apriorístico sobre el título que el autor escoge para su novela y que genera múltiples conjugaciones simbólicas. Podríamos imaginar de entrada que esta novela llegará a ser la narración de un elemento masculino que se emplea para los rigores de la afeitada y la decencia, o que tal vez Rosero vaticina que su relato tendrá los vericuetos de la clandestinidad y por tanto de un objeto corto punzante empleado para manifestar las formas de acción delincuencial; pero no creo que la asociación se enmarque lo suficiente como para que se entable alrededor de un arquetipo de personalidad, ni que ondule hacia la concepción de un apodo que designa las características de un docente.

Pues bien, diré que Evelio José Rosero presenta con su obra Cuchilla las relaciones que se urden en la confrontación constante que se forja en los encuentros diarios de docentes y estudiantes, y que en medio de ella, relaciona de manera indirecta el devenir de los maestros de colegio, particularmente de los docentes de Historia, que en apariencia, deberían ser los que posean un aspecto más reflexivo sobre su labor, y por tanto, de lo humano.

Pero no. Ésta historia no es la reivindicación de la figura del docente como un ejemplo, un modelo, o un guía en la construcción y consolidación de juicios sobre el conocimiento; antes bien, se reconstruye a partir de los contrarios, de los escenarios ajenos al aula de clase en los que ambos partícipes del proceso de educación se revelan, se enfrentan a sí mismos, logran complementarse para sortear el aprendizaje de la vida cotidiana, de lo que significa ser humano.

Guillermino Lafuente (nombre bastante dogmático y anticuado) es el profesor de historia de sexto grado que atemoriza no más de verle, y que al oírle dan ganas de esfumarse del salón y caer en otro espacio al que su voz grave y ronca no tenga acceso. Así se percibe en las primeras páginas:

-¡Qué es esto! -gritó-. ¡Qué diablos! ¡Qué me les pasa, nenés! Tienen todos un Uno, una estaca en los corazones, papitos. Ya perdieron historia este mes. (Pág. 21)

Lo cierto es que el ambiente de la clase de historia es mortal, como si se tratase de una verdadera clase de historia en vivo y en directo desde la guerra de los mil días o las batallas napoleónicas, pues corren las cabezas y las amenazas van de puesto en puesto; cero tras cero se torna hostil el ambiente y no queda más que resignarse y agachar la cabeza para que la voz de Cuchilla llegue menos fuerte y la cabeza tuya ruede menos que la de tu compañero de puesto, en especial si es tu hermano, y resulta ser gemelo.

Clase de historia, primera de la jornada en la mañana, recién levantado, con un poco más que pereza mental, tu hermano gemelo al lado, y de repeso tienes frente a tus narices el hediendo tufo del profesor de historia que ha llegado histérico porque su mujer no lo ha dejado dormir en casa por borracho, dando cantaleta por el estilo de tus medias a o por el color del pelo de la niña del fondo, corrigiendo la postura y lastimando con severidad cualquier intento de risa en el salón. No no no noooo, así no se puede, ¡hay que hacer algo! Que digo hacer, ¡hacerle algo!…

Pero, no hay que levantar sospechas y debe ser algo que de verdad logre alterar el temperamento de Cuchilla, así que el gemelo se las ingenia para dejar cada mañana antes de que el profesor llegue, una nota especialmente dirigida a su mediocridad, a su acritud e intolerancia, a su burrada de clase de pseudohistoria, a su mal aliento envenenador y a su traje húmedo y pestilente. Algo que no delate tampoco a quien las escribe, sino que lo deje con la incertidumbre, con un trasnocho peor que el que debe traer, así es que a trabajar.

Y en este ambiente se sostiene la novela, que en vez de capítulos está dividida en Asaltos, para hacerla más tensionante: una misiva para el profe Guillermino un lunes en la mañana y un castigo que no llega para nadie por falta de pruebas; ¡victoria! Un pasquín en contra de los absurdos contenidos de la clase del señor Lafuente y un regaño masivo con atenuantes de amenaza para cuando se descubra al traidor; ¡campanazo! Un soberbio ataque de desespero y una cartita hecha a mano resaltando al aspecto degradante y entristecedor del profesor Cuchilla acompañado de su fétido humor, y listo. ¡Pillado el paciente!

De ahí en adelante ocurre lo que no podría contar, pues de hecho es el final de toda una historia en la que un par de gemelos descubren la realidad de su maestro de historia, y lo que es mejor, un profesor descubre las necesidades afectivas y cognitivas de sus estudiantes. De tal manera que los lazos educativos se fortalecen y complementan para dar paso a una reflexión muy bien estructurada sobre el proceso de enseñanza aprendizaje, más cuando aún existen este tipo de docentes que no piensan para nada en el contexto y las situaciones de conocimiento que interesan a sus alumnos.

OMAR ALEJANDRO GONZÁLEZ.

Ficha del libro: ROSERO, Evelio José: Cuchilla. Norma. Torre de papel, cuadernillos azules. Bogotá. 2000. 154 págs.

12 comentarios:

  1. malo el blog ejor este http://jd-techno.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  2. MUCHAS GRACIAS, ME SIRVIO ARTISIMO. ANONIMO SUPER IDIOT ESE DE ARRIBA

    ResponderEliminar
  3. ME ENCANTA CUCHILLA GRACIAS POR LO QUE ESCRIBIERON :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

      Eliminar
    2. q bacano jajaajajaja

      Eliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  6. bueno digamos que no me sirvio de mucho XD

    ResponderEliminar
  7. esta super
    gente boba comentarios malos
    y si no entienden jummmm no saben leer
    falta de comprencion

    ResponderEliminar

¿QUÉ OPINA USTED?