miércoles, 4 de diciembre de 2013

CASA DE VECINDAD DE JOSÉ ANTONIO OSORIO LIZARAZO


Como se pone de presente en las notas preliminares a la obra de José Antonio Osorio Lizarazo, publicada por el instituto Colombiano de Cultura en 1978, el autor no aparece entre las figuras destacadas de la novelística nacional, aunque se debe matizar la cuestión cuando se observa que la crítica literaria contemporánea ha tornado su mirada hacia el autor bogotano. Osorio fue un prolífico escritor que cuenta con 20 libros entre novelas y crónicas, lo cual de por sí, genera la sospecha sobre el equilibrio de su obra. 

Casa de vecindad (1930) es su primera novela. En ella se narra la historia de un hombre de 50 años que se ha quedado sin trabajo en Bogotá y, ante la falta de vivienda propia, decide alquilar un cuarto en una posada en el centro de la capital. Mientras sus ahorros se extinguen conoce las vilezas de los ocupantes de la casa, aunque también lo sorprende la actitud de Juana, una joven que, con un niño bajo su tutela, lucha por no naufragar en la prostitución aún por encima del hambre. Una serie de eventos acercarán al cincuentón a Juana y su hijo, quienes viven, paulatina pero certeramente, el estrangulamiento de la pobreza. 

Precisamente es este último tema uno de los ejes en la narración. Oculta bajo la retórica de una élite conservadora que había gobernado el país durante más de 40 años (1886-1930) la pobreza se afincaba en las clases más desfavorecidas de Colombia. Los personajes de Casa de vecindad son avasallados por la falta de dinero y empleo y se crea dentro de la novela una dicotomía entre la virtud, que deriva en hambre y despojo, o el crimen y la prostitución. 

Esa es la línea gruesa que separa al narrador de 50 años, Juana y su pequeño compañero, y el resto de los habitantes, no sólo de la pensión sino de la ciudad. Los primeros tratan de mantenerse al margen de la voracidad y el desinterés por los necesitados, mientras que en los otros aparecen los vicios más desagradables: insensibilidad, calumnia, gusto por la violencia, burla por los destinos malogrados y hasta proxenetismo, entre otros. En la imposibilidad que tienen los personajes principales de alejarse de ese mundo en el que el lumpen afila sus peores vergüenzas es donde se construye una de las tensiones de la novela.

Dicha tensión crece con el avistamiento de la miseria absoluta, en especial en el hombre de 50 años. La novela gana aquí en dramatismo y con mucha virtud va mostrando los pasos de la caída hacia la mendicidad: de los 8 pesos con que cuenta una vez ha llegado a la casa, el cincuentón pasa a empeñar sus pocos enseres y finalmente, cuando sólo le quedan los tragos amargos del agua y es echado de la casa, decide salir a la calle a confiar en la caridad de los transeúntes. No es sólo la pérdida de los ahorros y el hambre lo que agrava el conflicto, sino el hecho de que el protagonista sabe que lo mismo padecerán Juana y el infante, a quienes ha prometido ayudar. 

El encadenamiento de las acciones, las digresiones que retardan las acciones y pensamientos extremos, y que llevan al lector detrás de la suerte de los afectados, es tal vez una de las virtudes de esta obra. No cae ella en la ordinaria muestra de eventos extremos sin mediar una reflexión, sino que evalúa la condición humana en el paso por varias etapas hacia la inanición. Sin embargo, no deja de ser incómodo cierto tono melodramático que se revela en algunas escenas con las cuales acaso le fue difícil lidiar al escritor, teniendo en cuenta la profundidad de la tragedia. Tal vez esta afectación –que no se siente en todos los momentos de la novela- sea lo que mancha un poco la obra que por momentos se llena de una emotividad y encono nacidos del apasionamiento del propio autor. 

Pero esos bajones no alcanzan a devaluar la lectura del trasfondo realizada en la novela: Bogotá en 1930, parece decir Osorio Lizarazo, crece caóticamente y no genera los empleos suficientes para una clase trabajadora en ascenso. Contra el mito de la Atenas suramericana –esa Bogotá de gramáticos y humanistas empotrados en sus gazaperas lingüísticas- el escritor graba la situación real de legiones de desocupados capitalinos, en una suerte de realismo lejano a la abstracción de la élite conservadora. En ese sentido, la novela se convierte en un llamado de atención a un estado de cosas que estallaría posteriormente y que en épocas recientes fue narrada por una novela como Los parientes de Ester de Luis Fayad. 

Es en el fondo el problema de la modernización de las ciudades colombianas, que tímidamente va apareciendo en la década del 30 y que Osorio Lizarazo evalúa desde la prosa de ficción. El impacto que produce en el lector esa modernización enrevesada, plasmada en esta novela corta, es tan fuerte como la solidez de los personajes y los ritmos de la novela. Es el impacto ante el desequilibrio social porque con Casa de vecindad, la anomia (ese estado en el que ante la ceguera de los dirigentes los lazos colectivos comienzan a desbarajustarse y cada quien se crea su propia ley) se toma la novela colombiana, acaso uno de los primeros campanazos de alerta frente a lo que sucedería casi un siglo después en los barrios bajos de las ciudades. 


Leonardo Monroy Zuluaga




jueves, 12 de septiembre de 2013



MI CRISTO NEGRO


No es muda la muerte.
Escucho el canto de los enlutados
sellar las hendiduras del silencio. 
Escucho tu dulcísimo 
llanto florecer mi silencio gris.

Alejandra Pizarnik.






Esa conciencia social que a través del tiempo se vuelve memoria, es la que retiene aquel pasado lleno de acciones melancólicas inmersas en el hecho histórico. De ahí el exhaustivo trabajo investigativo de Teresa de Jesús Martínez de Varela, intelectual educadora de amplia trayectoria en su tierra y autora de varios libros, entre ellos algunos de poesía. Mi Cristo Negro publicada en 1983; obra biográfica novelada sobre Manuel Saturio Valencia, una tragedia que pretende reconstruir por medio de la meta ficción un contenido que alude al sufrimiento a los problemas raciales y despotismos de los blancos contra los negros dentro de la historia de Colombia, en especial de la región del Chocó. 

El título Mi Cristo Negro, desde el prologo de la autora es comprendido en la similitud del “vía-crucis tan semejante al del Mártir del Gólgota. No estoy alucinada para una extraña y morbosa superstición pagana. No soy prosélito de Mártir Lutero para disgregar el rebaño de Cristo, y menos pretendo conformar un nuevo cisma fanático” (Martìnez de Varela, 1983). También, es un homenaje al último fusilado en Colombia inmortalizado a través de la biografía y la ficción creada por la literatura, convirtiéndose en un ser legendario que lucho por la dignidad de su raza negra. Manuel Saturio Valencia es reconstruido gracias a los distintos testimonios, versiones y archivos nacionales que no olvidan.

La autora recrea la vida y muerte de este personaje en doce etapas: toma como eje de partida el antes de la concepción para mostrar la pobreza del contexto chocoano en especial la población afro-descendiente, seguidamente expone el núcleo familiar del primer negro que lucharía por la dignidad de su raza; formado por Manuel Saturio Valencia padre y su esposa Transito, quienes envidiaban a sus compadres Francisco y Catalina por su número de hijos porque a pesar de sus edades estaba el deseo por concebir un hijo. Hay que aclarar que Manuel no era consciente de su esterilidad. No obstante, después de un tiempo su esposa queda en cinta y en ese mismo instante se estrecha una relación con el hijo profético adoptivo de la tierra “EL NACIMIENTO DEL GENIO MANUEL SATURIO VALENCIA.- El día 24 de diciembre de 1867 la paz se ungía con la policromía de los paisajes y la naturaleza se aprestaba a enviar al mundo un ser que ella misma forjó en la fragua de la grandeza y la inmortalidad.” (Martínez de Varela, 1983, p. 19).

La novela sitúa al lector en una época entre 1867- 1907 de Colombia, un país que hasta el momento se encontraba en el proceso de civilización y era influenciado por Europa. Los blancos acomodados en el Chocó se encargaban con sus títulos nobles al dominio de los negros; personas que por su ignorancia accedían a las peticiones esclavas de aquellos que vivían en la carrera primera, lugar exclusivo para los rostros de chiveras y patillas esponjadas. En un contexto así crecía “Saturito” como lo llamaba su padre, el cual inquieto y con dones diferentes a los de su raza deseaba aprender a leer e ilustrarse, una semilla que germinaba para desequilibrar un orden social y ventajoso.

Una sociedad dividida por la defensa de sus ideales políticos en dos partidos: liberales y conservadores. Se convirtió en el monstruo que legitimó una sociedad politiquera, racista y déspota. Por su parte, Saturio en su ejercicio de líder y ante la mirada insignificante de los blancos, iniciaba su educación en la música, letras e idiomas con la ayuda de los capuchinos llegados a Quibdó. Estos saberes adquiridos y las lecturas de Emilio Zola le permitirían entender la situación de su pueblo y el significado de la justicia, por eso su voz revolucionaria lo vuelve líder de su comunidad. Aunque, en un inicio esas injusticias eran soportadas en el silencio de la desigualdad que se volvió hábito.

-joven Saturio. Esta vaina si esta jodida aquí. Me mataron a mi muchacho miserablemente.-¿y cómo ocurrió el caso?- le pregunto el líder.- - un blanco de aquí de Quibdó, que ni le quiero pronunciar su nombre, estaba borracho. Pasaba mi hijo por el frente de su casa y como estaba gordito y tenía la espalda brillantica- dijo el blanco.-¡que espalda tan bonita tiene ese negro! – Como para el blanco de un tiro - ¡y se lo pego! (Martínez de Varela, 1983, P. 76).

La narrativa de la novela Mi Cristo Negro, transmite esa infamia social que le posibilita al lector identificarse con el personaje de Saturio, que como negro en su deseo de defender su raza, desde su ideología política y como conservador es traicionado por su pueblo por temor al castigo y la ignorancia que los caracterizaba al creer que él los quería dominar. Ése pensamiento los hacía cada vez más esclavos y subyugados al mandato de los blancos, a pesar de esto Manuel Saturio se culturiza, participa de una vida social que lo lleva a manifestarse de manera critica a través de sus creaciones poéticas satíricas “dígame señor mi amo, / yo le vengo a preguntar, / si el color blanco es virtud/ para mandarme a blanquear/” (Martínez de Varela, 1983, P. 83).

De esta manera, el hijo adoptivo de la tierra inicia a forjar la cruz de su destino, puesto que fue el primer negro que salió de su pueblo para estudiar en Popayán apadrinado por los capuchinos, también alcanzar cargos públicos como personero municipal hasta llegar al cargo de juez de Quibdó, luego capitán del ejército; título obtenido por participar y salir victorioso con su partido político de la Guerra Civil (Guerra de los Mil Días). Esta prosperidad, tanto a nivel económico como social causó la cólera de sus conspiradores, en especial la de Rodolfo, quien desde la niñez tuvo roces por cuestiones raciales. Como consecuencia éste cultiva un odio desmedido que encamina a su enemigo al patíbulo y la humillación. 

De aquel héroe que alcanza una grandeza y admiración por parte de las mujeres hasta ser apodado el “ADALID DE EBANO”. Sólo Deyanira; una bella mujer blanca perteneciente a la aristocracia de la carrera primera, siente desde su infancia un amor imposible que se consuma una noche en el cuarto del querido negro. Ya aquí al involucrarse con una blanca y dejarla encinta inicia el descenso de ese camino fructífero que había tejido hasta el momento. 

Un héroe que se encaminaba en el silencio hacia el patíbulo y sin saber su amada “DEYANIRA LO LLAMA ¡MI CRISTO NEGRO!” (Martìnez de Varela, 1983, P. 294). Título dado al hacer una comparación con Jesús de Nazaret, su nacimiento en un pesebre, educado en un medio hostil y por último su mismo pueblo lo lanza hacia la muerte. Es así que es acusado de anarquismo e incendiario del pueblo por el cual luchó. Además, del maniqueísmo por parte de los conspiradores quienes hundieron de forma epidémica aquel ser al aprovechar el desequilibrio sentimental que tenía Saturio; al enterarse que su padre era aquel ser putativo y su madre una adultera, seguidamente el compromiso imposible con Arcadia su amiga de infancia y ahora su hermana, hicieron que se entregara al alcoholismo a pesar de que Deyanira llevaba en sus entrañas su primogénito, una gestación que se logró ocultar hasta el último momento. Semilla trágica que germinó y se marchitó en las manos de su tío Rodolfo, quien con la misma frialdad asesinó a su hermano de lactancia Pascacio por ser conservador, así lo tenía preparado el destino para ellos. 

Doña Guillerma, como la “LOBA” del a Ciudad Eterna, amamantaba por antonomasia a Rómulo y Remo… A dos hombres que en la vida serian antagónicos hasta la muerte. (Martìnez de Varela, 1983, P. 26.

Un camino ya destinado hace de Saturio un alma en pena, ya que sus conspiradores formaron un complot político que deseaba de una u otra manera continuar en el poder y acabar con el líder conservador que había demostrado una posición ideológica en defensa de su comunidad, el plan sin reversa en la inmensidad de la selva del Chocó. Mientras tanto en la capital el presidente de la república Rafael Reyes Prieto, proclama proyectos de igualdad y de paz, se asombra al mirar el terror de lo que iba ocurrir. Así que, de inmediato envía por telegrama el indulto para el reo, cosa que no fue acatada en Quibdó con el fin de continuar con el calvario de Manuel Saturio Valencia y su viacrucis. Era un carnaval celebrado en honor a la injusticia y lamentos de unos, porque a pesar de saber la verdad estaban impedidos ante semejante máquina de poder.

La ejecución de Manuel Saturio el 7 de mayo de 1907, es similar al largo camino padecido por Jesús de Nazaret. Por eso, la autora alude por medio de la narración a cada estación para dibujar aquel momento de consternación y sufrimiento con la emisión de sus palabras “las mujeres que iban en el cortejo comenzaron a llorar a gritos por las palabras de doña Isabel, y Saturio les dijo: -No lloréis por mí, llorad por vuestro hijos… hijos de raza humillada y perseguida…” (Martìnez de Varela, 1983, P. 433). 

Es asi que cada palabra se convierte en el oleo de sangre que mancho la historia y ausento la voz de la primera figura y heroe chocoano del departamento con una muerte impune màs no inmovil en el olvido. De esta manera, no solo la historia es la encargada de inmortalizar aquel ser sino la literatura se nutre de ella para revivirlo como lo hace el escritor tolimense César Pérez Pinzón que en honor a este personaje alude dentro de su novela Cantata para el Fin de los Tiempos, es así que la lectura da cuenta de un Saturio caminante sin camino viajero del averno doliente y oscuro sin salida.

OSCAR MAURICIO ROZO M.

FICHA TIPOGRÁFICA
Libro: Mi Cristo Negro.
Autor: Teresa de Jesús Martínez de Varela.
Editorial: Fondo Rotatorio de la Policia Nacional.
Año: 1983.

Bibliografía

Martìnez de Varela, T. d. (1983). Mi Cristo Negro. Bogotà: Fondo Rotatorio de la Policia Nacional.


    

miércoles, 13 de marzo de 2013

ACERCA DE DOS POEMAS DE JULIO CÉSAR ARCINIEGAS


En el año 2007 este poeta de Rovira alcanza el primer puesto del premio nacional de poesía Porfirio Barba Jacob con el poemario Abreviatura del árbol,  una inteligente  reunión de textos en los que el árbol, desde el edén hasta el imaginario, detiene la palabra en cada posibilidad de la raíz, hoja tallo y frutos.
Dentro del poemario, y atendiendo a la temática que convoca por estos días a la ciudad de Ibagué,  sobre todo porque esta geografía se cubre con el aroma de sus flores en caída, hallamos dos referencias directas al árbol insigne de la ciudad: el Ocobo. El primer poema es titulado Músicas Rosadas y nos invita, con obligada asistencia, al encuentro con el origen divino de este árbol, que en medio de la frustración con que caminan los mil y un habitantes  de la ciudad, ofrece de vez en vez su espectáculo florido:
Me voy a permitir digitarlo:
El árbol es un hecho de la aureolas
y de las pesadas esferas sentadas entre el último
de los proscritos,  herederos de las puertas.
Ellos a su vez repitieron el eclipse,
abriéndose a las buenas nuevas de sus maderas
Y al sonido de sus músicas rosadas.
El poema extiende su capacidad de evocación para llevarnos hasta el instante mismo en que los dioses, portadores de la aureola de majestad y grandeza de aquel entonces, en su infinita bondad para con el ojo, arrojan a la fértil tierra la semilla  de su pesada esfera, de su angustia, en el pleno reconocimiento de que en la mente del hombre ya habitaba la posibilidad de desterrarlos, de arrojarlos del paraíso también a ellos, como venganza por la afrenta del exilio provocado por el fruto de otro árbol; el que estuvo lleno de pasión y  mordedura.
No obstante, en la palabra poética de Julio César Arciniegas, se abre el universo de las lógicas imparciales, pues la vendetta de los hombres al fin se gesta; sucede en el dominio de las técnicas del tallado, de la creatividad, que siendo propiedad divina, ahora hace parte de la construcción con que los hombres, en el oficio del ebanista, dan color y luz a su sombría cotidianidad.
Hay un eclipse en el ojo de los dioses, se trata de ver obnubilada su creación; la angustia que en su momento desapareció por la forma del Ocobo, reanima los tormentos cuando el hombre vulnera la madera de su carnes, tan firmes, que ni el propio gorgojo, que nos recuerda el poder de los dentados, ha podido vencerla. Sin embargo, no es propio de los dioses olvidar los agravios  y así como el hombre se burla de la angustia divina, el dios, en su infinita supremacía, lo castiga  con el certero látigo de la belleza, manifestada en el espectáculo que cubre la ciudad con color rosa, violeta y blanco, astillado en  la pupila, que no puede más que eclipsarse en la posibilidad de ser viento para acariciar su caída, repitiendo el ciclo mismo de los dioses.
El segundo poema se titula  directamente Ocobo, y  atiende ya no a la doble condición de los hombres y los dioses, sino que nos adentra en la soledad misma del árbol, en su propia esencia, en la que  el ser que emerge de su quietud con cada florecer, desquita su eternidad contra la desdichada ciudad y sus desprevenidos transeúntes:
Entre calles, leve y derivado, se roba la magia
de unos dogos que saltan alrededor del polen.
Su corazón es leve al ácido de la ciudad, al
ebrio, a la lluvia del asalto, a las piedras
y a la epifanía donde se desvanece el césped.
Lo más hermoso del Ocobo no es el tiempo en que se sostiene florecido para el ojo; la verdadera belleza está en la rama seca que marca el inicio de la angustia, del otro año de espera. Este es un árbol que ya no es sensible al tacto de la ciudad, pues esta, aunque conmemora su aniversario y su florecimiento, ya no ofrece nada distinto al ácido de sus intenciones de progreso. Él se eleva, se roba la magia de los hombres, los envenena con su polen y hace que hasta las piedras se muerdan en la necesidad de su propio sexo. Es este un árbol que fabula el desvanecimiento, que en actitud solemne y  epifánica, recuerda cada año a la ciudad que en algún momento no habrá lugar para escuchar su música y todo será el silencio de una raíz humana que desaparece.
Abreviatura del Árbol es un libro de poesía en el que las miradas acercan al pensamiento natural, a la contemplación del verde estado en que las flores, los árboles y la grama nos invitan reflexionar que la próxima vez que te enfrentes a la belleza del Ocobo, admira tu caída, pues cada hombre que contempla el circular desvanecimiento de sus hojas, talla para sí mismo la derrota.
OMAR GONZÁLEZ.

martes, 15 de enero de 2013

EL HÉROE DE GERMÁN PARDO GARCÍA


Por lo regular, hablar de heroísmo significa hablar de aquel personaje extraordinario con cualidades fuera de lo común y totalmente distanciado del humano que sufre, ama y muere. Así son, por ejemplo, los héroes antiguos-míticos que se mencionan en los cantares de gesta. Hombres que se valían de la fuerza, la sagacidad y la valentía para ser merecedores de tan importante apelativo. Sin embargo, con la llegada de la era moderna, esta concepción ha mutado para forjar un nuevo héroe. “La telaraña del sueño mítico cayó, la mente se abrió a la íntegra conciencia despierta, y el hombre moderno surgió de la ignorancia de los antiguos, como una mariposa de su capullo o como el sol del amanecer surge del vientre de la madre noche” (Campbell, 1972, p. 212).
Por tal motivo se constituyen nuevas cualidades que hacen posible el nuevo héroe. Una de ellas es asumir distintas perspectivas. Partiendo de la consigna que no sólo se es valiente cuandose arriesga la vida o se derrama sangre en defensa de una nación. Porque esta posición muchas veces resulta derivar en despotismo que  en un acto heroico: “La hazaña del héroe moderno debe ser la de pretender traer la luz de nuevo a la perdida Atlántida del alma coordinada” (Campbell, 1972, p.212). No ir en busca de hazañas que ya no caben en un mundo donde todo va deprisa, el individualismo reina y la filosofía global es la producción y el consumo.
En este sentido, el Poemario del ibaguereño, German Pardo García, titulado El héroe manifiesta una perspectiva distinta acerca del heroísmo, es una visión detractora de lo que se conocía como héroe. Porque el héroe de Pardo refleja su posición desde un punto de vista objetivo, ya no es aquel que se involucra de cuerpo ante la adversidad sin importar las consecuencias, como sucedía con Aquiles, Ulises o Siegfried. Este desde lo lejos analiza el mundo y recoge diferentes miradas, y así con la idea, la conciencia y la espiritualidad logra salvar al hombre de las fauces de la guerra, el consumo y contaminación.
Oídme, escuchadme oíd: os habla el héroe evadido de la catástrofe de la tierra, desde un galáctico satélite de Orión. Tardé una vida-luz en llegar a esta frontera del universo, donde  ya las ideas son visibles y la mente equilibrio del espacio. (Pardo, 1975, p. 9)
En el fragmento anterior, se refleja con claridad que este héroe ha abandonado la tierra, y lo hace por un motivo: “evadir la catástrofe”(Pardo, 1975, p. 9). No obstante, su lucha se efectúa desde la constelación de Orión, haciendo aviso a la humanidad de los aspectos que entorpecen y destruyen el planeta. Pero no sólo es aquel llamado insulso, carente de sentido, sino por el contrario es un mensaje contundente hecho desde la apreciación sabia y artística.
Una de las situaciones que producen aquellas abominaciones en la tierra son las religiosas. Por lo tanto, el héroe hace un llamado a la humanidad, porque muchas de las guerras y derramamiento de sangre  son a causa de este fenómeno. La voz poética reitera “romped el santo grial” (Pardo, 1975, p. 10), como súplica inminente de la salvación terrenal.
(…) ¡Sabed, Yo tengo mis leyes geoquímicas! ¡Ya depuré con ellas a las enfermedades y al rostro senescente de la culpa! ¡Tuve un infierno personal y construí mi propio paraíso!¡Romped el santo grial romped el santo grial y dale un nuevo corazón al mundo!                                                                                        ¡Ah de los que escucháis arrodillados ante las aras de los templos:pangue lingua pangue lingua! Y al escéptico triste que proclama: ¡no hay más que vanidad de vanidades!                                                                         Desde mi paganismo esférico respondo: ¿no ves la rotación de la materia? solo hay eternidad de eternidades. (Pardo, 1975, p. 14).
El santo grial entre otras cosas fue un producto bélico que ocasionó diversas matanzas y guerras sin sentido, aquellos que lo cuidaban creían llevar la sangre de Cristo. Su ruptura representa la desaparición del enajenamiento religioso que durante siglos domina la humanidad. De igual forma, en estos poemas se haya una relación directa con la química, la materia que finalmente es lo que perdura y que representa como una nueva religión. Sólo el ser material es el que tiene el encuentro con la salvación, aunque, el héroe no precisa qué clase de materia es. ¿Podría ser la carne misma del hombre? o ¿el legado que puede dejar en el mundo como ciudades e inventos de modernización?
Tal vez sean ambas o quizás no, pero lo que si se esclarece en el poemario es que el héroe no necesariamente se representa como un ser material, también se hace desde el ideal colectivo, buscando soluciones inteligentes para huir de la catástrofe, sin perder la espiritualidad, pero a su vez no siendo dependiente de un dios, porque es de tener en cuenta que “ya no existe la clase de sociedad de la que los dioses eran soporte” (Campbell, 1972, p.212).
Uno de los poemas  se titula “El Héroe en Auschwitz”, la ciudad de Polonia donde cientos de judíos fueron asesinados. Es interesante ver como se hace mención al holocausto Nazi donde miles de personas murieron sin tregua, es una tragedia que sin duda necesitó de un héroe. Desde la posición de héroe moderno, los héroes del holocausto no serían las fuerzas aliadas como históricamente se cree, los verdaderos héroes fueron todos aquellos que desde una situación de impotencia surgieron y construyeron una nueva mentalidad.
Se hace  entonces la denuncia: una guerra más para la modernización del mundo, cada uno con su héroe, los judíos tuvieron que sentirse héroes por aguantar, “los alemanes por ser una raza superior” y las fuerzas aliadas porque “detuvieron una catástrofe mundial”. Pero el héroe que ve todo desde un punto lejano observa que no hay héroe  más que la sangre de inocentes corriendo por las calles.
¿Dónde estabas oh Dios de los profetas? te llamaban Dios de las batallas y era verdad: ¡terrible combatías! Cristo: ¿cuál fue tu angustia comparada con la de los campos de concentración? ahí la sangre se volvió cianuro.(Pardo, 1975, p. 30).
De esta manera, el escritor German Pardo García tiene en este poemario una actitud profética del mundo, teniendo en cuenta el contexto en el que se creó los poemas. Aparte de que logra ubicar al lector en un mar de metáforas que enseñan con mayor claridad la perspectiva de héroe. Son poemas en prosa en los que se yergue un contenido estético significativo y aunque el léxico es antiguo, se esclarecen aspectos modernos como el impacto de la tecnología y la ciencia.

PAUL RIAÑO SEGURA

REFERENCIAS:
Campbell, J (1972) El héroe de las mil caras, psicoanálisis del mito. México. Fondo de cultura económica.
Pardo García, G (1975) El héroe. México. Libros de México.

FICHA TIPOGRÁFICA
Libro: El Héroe
Autor: Germán Pardo García
Editorial: Libros de México
Año: 1975

martes, 4 de diciembre de 2012

DE PUTAS Y VIRTUOSAS.


Son varias las novelas en las que la protagonista, por cosas del destino, resulta metida de puta, y a partir de allí se cuentan las mil y una desgracias que la han hecho romperse la cara contra la vida. Son pocas, sin embargo, las que muestran que la decisión de ser prostituta deviene de una profunda reflexión y una seria inclinación hedonista.
De putas y Virtuosas es una novela en la que Óscar Collazos nos presenta a Amalia, una prostituta joven que aún posee la destreza suficiente para ser el centro de atracción del pequeño burdel del pueblo porteño en el que vive, pero que al tiempo resulta ser la más devota y respetuosa católica. Así como un sicario se encomienda al santo de su predilección antes de cometer el crimen,  se sabe que es un cliché el hecho de que la prostituta se encomiende a la “virgencita”  o a la “magdalena” antes de iniciar sus cortejos fornicarios.
Pues bien, Collazos no sitúa a su protagonista en una u otra de las posibilidades, pues Amalia no es la santa empedernida,  ni la hedonista consagrada; es una mezcla entre ambas, sólo que para la trama de la novela, debe asumir las posturas de la fe, porque en medio de todo cree en dios y da lugar al respeto especial que este se merece en la semana santa.
Entonces, la novela transcurre en la celebración de la semana mayor en la que mientras el burdel continúa abierto a los marineros que llegan ansiosos a puerto, Amalia permanece encerrada en su habitación (que queda en el mismo prostíbulo) lacerando su conciencia por el pecado criminal de las otras mujeres, que no dando espacio para la reflexión y el arrepentimiento, continúan con su vida licenciosa y poco cristiana. Este hecho genera un ambiente de tensión que hace que las otras mujeres se ensañen contra Amalia y cuestionen su vocación de ser puta. Incluso, en una discusión que sostiene con la matrona del burdel acerca de la condición blasfema de abrir en plena celebración católica, la proxeneta responde con certero cinismo que:
“Claro que somos creyentes – se excusó la matrona cuando alguna temerosa se atrevió a formular objeciones-. Lo que pasa es que sigo siendo humanitaria- concluyó, conteniendo la risa.”
Este tipo de discusiones se presentan reiteradamente en el imaginario  literario, puesto que se sabe que en la antigüedad a la prostituta se le adjudican tanto poderes heréticos como virtudes amatorias, así que la imagen de la prostituta posee atributos duales que configuran la entera necesidad de la existencia de la profesión. De la misma manera  como en el carnaval la prostituta podía asumir la posición de monja, así, la puta puede ser entera devota de Cristo sin por eso dejar de ejercer su oficio, y Collazos recurre a este imaginario para presentarnos una Amalia que dedica la semana santa no a la adoración completa de Cristo, sino a la meditación y reflexión de lo que ha sido su vida, sus actos que la conducen a su vida de amante fugaz, de madre que no puede tener a su hija cerca y de esposa frustrada por los hilos de la vagabundería.
Entonces, la onda meditación de Amalia se ve interrumpida por el ajetreo propio del lugar, en el que constantemente se escuchan los gemidos de placer emitidos por una verga de marino que ansiosa estalla repentina contra las nalgas de la obscena, para que Amalia tenga  que salir a reprender los espíritus lujuriosos que se burlan de la semana mayor, ante lo que las otras prostitutas responderán a coro:
“Si es Jueves Santo, peca pero no tanto –decía la copla que, a modo de compensación, repetían las ociosas- y si es Viernes de Crucifixión, hágase con devoción- seguían versificando.”
De alguna manera estos comportamientos son propios  de la naturaleza de las mujeres entregadas a la prostitución, pues en medio de su labor se acercan  a la historia misma de la humanidad, que ve en ellas una suerte de receptáculo de placer y al tiempo, un confesionario ante el que puede desahogar lo más oscuro de su vida. Quizá por ello, no afecta sus impulsos sexuales la moralidad colectiva, pues antes bien, en medio de las festividades son las únicas que puede ser tal y como son, sin las máscaras o el teatro de quienes hacen la representación de la cena, o la crucifixión.
En este sentido, Óscar Collazos nos presenta a unas mujeres de calle que en medio de la celebración salen a cazar hombres para burlarse del ritual y obligarlos a ceder ante el pecado por medio del placer y la fugacidad, sin embargo, el pueblo entero es  la representación del paganismo, porque  de la nada:
“empezaban a salir mujeres preñadas con hijos a cuestas, muchachos con provisiones  de comida para la función, acostumbrados como estaban a convertir los ritos más sagrados en fiestas desmedidas (…) salían monaguillos nerviosos, vendedores de pescado, funcionarios soñolientos, parranderos enguayabados, paralíticos sobre los hombros de sus hijos, que para divertir a los ancianos cabalgaban por la calles, todos se instalaban esperando que un estridente toque de trompeta anunciase el comienzo del espectáculo.”
Entre tanto, Amalia busca la manera de reconciliarse con su pasado, con su esposo Joaquín, pero es tarde y de  a poco la gana el hecho real de ser solo una vagabunda, una errante mujer de paso, una confidente y amargada mujer de 30 años que ha perdido por completo el cariño de su hija, que apenas si la recuerda como a una Tía lejana que de vez en cuando los visita.
La novela da un giro inesperado cerca de su final, y nos presenta a una Amalia completamente reconciliada con su labor, pero al tiempo, una Amalia llena de bondad y amor, de respeto por lo divino y de pasión por lo humano, una mezcla dicotómica que demuestra que en la prostituta existe la doble condición  amalgamada  al peso de  ser humano, porque nos expone a una Amalia que imagina la venganza contra una de las prostitutas que se burla de ella y la atormenta:
“En ese instante, cuando su imaginación se complacía en la crueldad, supo que en adelante todo sería posible en su vida: la santidad y el crimen, el vicio y la virtud, todo cuanto en pocos años no había sido más que necia tolerancia. El rostro sangrante que pasaba por su imaginación, cumpliendo la venganza exigida, también era la suma de rostros que alguna vez, en un ligero inventario, había soñado como formas desagradables y repugnantes…”
La novela de Collazos reúne esta doble condición moral de Amalia, y ofrece una mirada, que si bien ya ha sido múltiples veces trabajada, se hace valiosa en el sentido de la forma estética con que se mira. Amalia Virtuosa, Amalia Puta, Amalia Viciosa, Amalia.

OMAR GONZÁLEZ.
Ficha de libro:
Collazos, Óscar.De putas y virtuosas. Caza de libros. 2008.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

DIARIO DE HERNANDO TÉLLEZ


Hasta hace unas décadas los diarios eran una peligrosa ventana a la intimidad; guardados en los lugares más seguros, funcionaban como una memoria de los asuntos cotidianos y, en no pocas ocasiones, emergían de ellos confesiones sobre sentimientos de días pasados. Hoy, cuando la intimidad se regala en las redes sociales, los diarios han pasado a ser artilugios banales o tal vez objetos en desuso en los que no caben las fotografías ni los videos con los que los internautas refrescan su protagonismo. Por eso no es común encontrar un título de este género –diario- sin sentir una cierta extrañeza.


El diarismo no sólo ha sido cultivado por aquellos que se refugian en la soledad de su alcoba sino también por escritores que ven en este género una opción para revelar y publicar impresiones muy personales sobre hechos, en ocasiones triviales. Ese matiz intimista se percibe en el prólogo del Diario de Hernando Téllez: “quise someterme a la disciplina intelectual de hacer un diario íntimo para verter en él la corriente de las impresiones, los sentimientos, los estímulos confusos, las ideas vagas, las fórmulas de pensamiento, y libertar de esta manera el universo caótico que lleva todo hombre” (XI).
Al margen de ese deliberado personalismo y del efecto catártico que plantea el autor, se debe pensar en las circunstancias en las que nace esta obra. Hacia la fecha de su publicación, en 1946, Hernando Téllez acumulaba un hondo prestigio en el ámbito intelectual del país: había participado en la llamada generación de “Los Nuevos”, -grupo de intelectuales colombianos reunidos alrededor de la revista que llevaba el mismo nombre de la generación- y colaboró activamente durante los gobiernos liberales, entre 1930 y 1946. Fue redactor en el periódico El Tiempo, cónsul de Colombia en Marsella (1937) y Senador de la República en 1944. Asimismo, tenía publicado ya dos libros de ensayo, titulados Inquietud de mundo y Bagatelas.
La escritura del Diario está nimbada con el renombre de Hernando Téllez quien a la fecha era reconocido no sólo como político sino como un dominador de la palabra, con una sensibilidad profunda que le permitía moverse en diferentes esferas de la existencia. Sumado a esto, el Diario es escrito en medio de la segunda guerra mundial –lo cual se verá reflejado en algunos de los textos que conforman el libro- y, en el ámbito político local, ya se vislumbraba una nueva presidencia conservadora.
El libro está compuesto por 47 textos cortos en los que Téllez reflexiona sobre múltiples cuestiones: por allí pasan disquisiciones sobre las diferentes etapas de la vida, esbozos de crítica literaria, una fina angustia por la evolución de la segunda guerra mundial, pensamientos acerca de estados como el amor, el recuerdo, la perseverancia, la muerte. La multiplicidad es el signo de este libro que logra su unidad en la pericia verbal y en el objetivo de transformar imágenes pasajeras en experiencias universales, esto es, en la necesidad de hacer poesía. ¿Cómo consigue esa dimensión ecuménica, que puede hablar a todos los hombres sin trivializar los temas? Aparte del refinado uso del lenguaje, se podrían citar dos estrategias nucleares en este libro: la síntesis y la agudeza en el juicio.
En el primero de los casos, el lenguaje tiende a ser preciso, sin menoscabo de sus posibilidades sonoras, lo que deriva en textos cortos cuya sustancia crece al ritmo de una sintaxis revisada en sus mínimos detalles. El lector se encuentra con imágenes que se construyen en una prosa de no más de tres o cuatro páginas de extensión y cuyo deleite radica no sólo en la resonancia de esas imágenes sino en el encuentro con un lenguaje sin fisuras, aunque siempre al borde de la floritura verbal. Cómo no percibir ese riesgo de cierto preciosismo en la escritura en expresiones como la siguiente, en la que la frase se alumbra con un léxico y una adjetivación que persigue la musicalidad, además de un tono sentencioso:
“Aquellos juguetes que amamos, que deseamos poseer algún día y por los cuales hubiéramos dado un poco de la vida o la vida entera, al volver a las manos de los hijos, son recibidos con hierática frialdad, con gesto de invencible y perfecto desvío” (140)
La agudeza de juicio, en segundo lugar, evita que los textos consignados en este Diario terminen naufragando en el cotilleo cotidiano o sean sólo burdas expresiones de los sentimientos de un ser humano –como suele pasar en las redes sociales. El autor se sobrepone a cualquier posible búsqueda de protagonismo, de lacrimoso o eufórico afán confesional, huye de la necesidad de exponerse con patetismo en la escritura y aplica a sus textos, utilizando su juicio, un perfecto equilibrio entre la sensación y el hecho razonado.
En realidad los textos del Diario de Téllez, y basándonos en los rasgos anteriormente descritos, en la libertad en la exposición, en la capacidad de hacer universal lo íntimo, encuadrarían mejor en la categoría de ensayos. En ellos la palabra llama al mismo tiempo la atención sobre ella misma y sobre los diversos contenidos.
En estos ensayos el lector encuentra suscitaciones con las que puede dialogar profusamente: la relación entre los objetos y la memoria, la fugacidad del amor, la imposibilidad de una evasión total en busca de la felicidad, la paulatina falta de importancia en la que va cayendo el mundo una vez se entra a la vejez. Hay también encuentros con Baldomero Sanín Cano, Guillermo Valencia,  la poesía en Colombia, o incluso una bella similitud entre Madame Bovary y las mujeres campesinas colombianas. Aparece allí, en una perspectiva que se debe leer en contexto, un elogio a los soldados de Estados Unidos, victoriosos en la segunda guerra mundial, y un caluroso llamado de atención a cierta arrogancia francesa por la cual no obtuvo el suficiente respaldo de otros países en dicha guerra. Incluso, y para que esta panorámica quede lo más completa posible, hay una sesuda disquisición sobre la literatura infantil y las obras hechas para un niño lector, que podría ser una fuente de análisis para docentes y en general para quienes deseen involucrar a los niños a la lectura.
Puede que, por su número, algunos de estos ensayos cortos naufraguen en el mar de experiencias del lector, pero en general, la fuerza en la dicción y la penetración en la condición humana, los hacen atractivos a casi todo tipo de personas (incluso a aquellos que quieren tomar sentencias inteligentes para adornar su cuenta en la red social). Diario o ensayo –o quizás ambas cosas a la vez- Téllez nos muestra el camino para desdoblar lo particular en lo universal, uno de los retos más grandes para quien desee ser escritor.
Leonardo Monroy Zuluaga
Citas tomadas del libro: Téllez Hernando. Diario. Medellín: Universidad de Antioquia, 2003 (1946)

jueves, 20 de septiembre de 2012

VIAJE A LA CLARIDAD DE FERNANDO SOTO APARICIO


La escritura  puede configurarse en una atmósfera de conversaciones, de intervenciones constantes en la sociedad que nutre las influencias de la profunda identidad que tiene cada ser humano, que al igual, debe esconderse, rescatarse, ahogarse en el infierno oceánico, o puede silenciar desde un principio para desentrañar los misterios que se abrazan a las palabras mudas, porque las imágenes son unas constelaciones que acercan  la muerte. 
De esta manera, Fernando Soto Aparicio, en su novela Viaje a la claridad -novela poco mencionada- nos mostrará  cómo las visiones, los silencios, los delirios y otras imágenes que se encuentran en las desesperaciones del ser, van a estar presentes en la historia de una niña que se encuentra entre los doce y catorce años  que  será violada por su padrastro Satanael  –nombre sugestivo por caracteres gramáticos de Satanás-.  La novela tendrá como estructura un analepsis, donde las primeras palabras o imágenes, se verán en una camilla, con una persona en una especie de estado de coma: “… Se le dificulta la respiración y quiere salir, mover la cabeza, abrir los labios y gritar cualquier cosa para que comprendan que está a punto de morir.” (p. 7) la etapa de coma va a reaccionar de manera latente durante todo el relato, ya que su estado es causado por el parto que ha dejado la violación.
Dentro de este estado de coma, ella reflexionará y recordará su vida,   maldecir a su padrastro, y “…sentirá asco y nauseas y ´el mismo acabará escupiéndose, ´el mismo terminará condenándose, ´el mismo se lanzará de cabeza a las pailas en que el Diablo moja su hirsuta brocha de su cola.” (p. 14) En estas reflexiones van ha establecerse constantemente y a sentirse como un animal condenado, como si estuviese pagando una culpa de los cielos, porque para ella lo que tiene en el vientre es “… un balón de fuego, …” (p.23).
Patricia, nombre de la niña que nos relata la historia, es una persona que se ha criado en varios hogares, ya que su madre trabaja en casas haciendo oficios varios desde que su primer marido  falleció. Con ello,  desesperada decide casarse con Satanael, ya que puede otorgarle un seguro económico para ella y su hija. Las cosas van sucediendo poco a poco. Patricia logra tener amigas y logra perderse en lecturas literarias, y conceptos que la llevarían a mucha confusión que en el relato logra tejer la historia: “Supo que existía la palabra “fornicación”, pero no encontró en ninguna parte su significado.” (p. 39)  dentro de todo ello, crea un personaje que la acompañará hasta cierto punto del relato, y después de una discusión con un compañero  “…  Y desahogó con Equis la cólera de que estaba llena” (p. 28)  porque “… de repente, yo soy Equis.” (p.72). Equis se convierte en su única compañía, y a la vez, etimológicamente, el nombre configura un símbolo varonil (caballo),  un símbolo según los análisis freudianos, en una construcción sexual, ya que el personaje del relato en varias imágenes de remembranza va a  ser una atracción sexual y por ende un campo de provocación para Satanael cuando lo espía con sus amantes: “ Madreamor se acerca a Satanael y ´este le abraza y la besa y después –despierta su lascivia- se restrega contra ella. “ (p. 32)
Dentro de todo ello, y la forma de como ha sido violada “Satanael sigue despojándola de su ropa, y cuando queda desnuda se abalanza sobre su pequeño cuerpo… pero de repente no es ya Satanael. Es el búho, con su enormes ojos…” (p. 134) se van a presentar unas reflexiones acerca de un reino que no es de este mundo, sino un reino infernal y que para ella, le pertenece a la persona que tomó su cuerpo de forma sangrienta, porque “… no habrá violetas que puedan alimentar se con la savia podrida de su sangre.” (p. 58), es decir, que ni la muerte de Satanael podrá limpiar su cuerpo putrefacto de dicho cometido, ya que él, como se dijo antes, pertenece a otro reino: “ Mi reino está preparado para incinerar su cuerpo. Por cada uno de sus espasmo solitarios permanecerá un año más en mis dominios, y la echaré a la turba de los demonios para que con ella apaguen su sed milenaria. “ (p. 84).  Es este misterio que esconde la historia sobre la fauces de la muerte de Satanael y su reino oscuro, y que el lector tendrá que descubrir.
Finalmente, en el estado de coma que se encuentra mientras el parto se manifiesta en delirios, en círculos que Soto Aparicio nos muestra para contar la historia de una sociedad temerosa, vulnerable frente un patriarcado, “Ella despierta cuarenta y ocho días después de haber cumplido sus quince años” (p. 131). La criatura ha nacido, algo impuro desde los intersticios de la reflexiones de Patricia, pero dentro de todo ello, y al final, va a reaparecer Satanael.
LUIS FERNANDO ABELLO
FICHA DEL LIBRO: Soto, Aparicio, Fernando. Viaje a la claridad. Biblioteca de literatura colombiana, Editorial Oveja negra. 1985.

lunes, 27 de agosto de 2012

MANISFESTACIONES IDEOLÓGICAS DE VARGAS VILA EN LA NOVELA IBIS


 Gracias a su portentosa irreverencia que en repetidas ocasiones sirvió como fuente de  inspiración a jóvenes inconformes con sus sistemas políticos y religiosos,  José María Vargas Vila marcó un estilo en la escritura que para ese tiempo, y aun en la actualidad, se denominaba como modernista. Esto se debe en gran parte a la fuerte carga ideológica que establecía en sus escritos y que le dio el calificativo de panfletario.  
Así mismo, Vargas Vila más que ostentar una polémica en su época (dado a su religión, misoginia, críticas e inclinación política) también generó cierto hastío en algunos escritores y políticos que tiempo después se convertirían en sus críticos, pues según investigadores de la vida del autor como Aníbal Noguera Mendoza  mencionan que:
Don José María Vargas Vila resulta un trago demasiado espeso para sus contemporáneos y, ahora, para los descendientes de estos. Son muchos los golpes que propina esta prosa saturada de frenetismo. Escrita como saltando casamatas, incitaba odios que aún sangran. (PP 307)
Ante esto se observa que el escritor santafereño, de cierta manera daba motivos que alimentaban la discordancia de sus contemporáneos. Sin embargo, jamás bajaba la guardia acerca de lo que pensaba de sus gobernantes y líderes religiosos. Incluso en diversos lugares era considerado como la voz del pueblo gracias a su capacidad como orador, así lo afirma Noguera cuando dice:
Este fenómeno inexplicable indica que la voz de Vargas Vila llenaba al pueblo. La entonación que supo darle a su prosa alimentaba los sueños de las masas angustiadas por los gobiernos dictatoriales. Sin los relámpagos de Verbo de admonición y de combate, históricas y políticas, “La muerte del cóndor”, “laureles rojos”, etc., no se hubiera mantenido en vigilia la imaginación popular aletargada por las derrotas militares. (PP. 309)
Es así, como el santafereño se caracterizaba por mantener su orgullo a pesar de las controversias. De hecho la confianza en sí mismo, le permitía ignorar las críticas y seguir con sus escritos, puesto que estos se destacaban por sus contenidos subversivos y antirreligiosos. Por lo tanto, novelas como La demencia de Job, flor de fango, el libro de cuentos Copos de espuma, María Magdalena e Ibis, no carecían de dichos contenidos, pues la ideología vargasviliana  siempre se manifestaba allí.
En ese sentido, se ratifica el protagonismo de la pluma de este controvertido escritor en la literatura de principios del siglo XX. Ahora, otro motivo de sus contemporáneos para someterlo a las críticas fue, según ellos, la forma en que el santafereño abusaba de la gramática, así lo explica Noguera cuando menciona que Vargas Vila sumergía al lector en un mar de metáforas interminables. Sin embargo, muchas de estas tuvieron su verdadero veredicto en la opinión de los lectores, quienes poco a poco fueron estimando la obra de Vargas Vila.
Lo anterior se comprueba dando un vistazo a una de las novelas más destacadas del autor. Es el caso de Ibis, novela publicada en 1906. Ibis fue una novela que causó mucha controversia en sus tiempos no sólo por su contenido, sino por la reacción que ocasionó en algunos lectores. De hecho en el texto de Noguera, se habla de una serie de suicidios que se dieron en la época a causa de la polémica obra, allí se dice:
Los suicidios que indujo la novela ibis. Entre los más famosos se encuentra el de una dama de Barranquilla (…) el de los jóvenes en Panamá (1906) que dejaron el siguiente mensaje: <> (…) El de una pareja de enamorados PP. 310
También en el texto  se menciona una anécdota del autor, cuando realiza un viaje al Brasil donde su sorpresa fue encontrarse con uno de los cercanos a las víctimas de su cuestionada obra:
(…) hace unos quince días se suicidó una sobrina mía, en cuya mesa de noche se hallaba <> con una anotación marginal en la que se aseguraba ser su libro el responsable de tamaña desgracia (…) PP. 311
del mismo modo,  la novela generó controversia  por su mensaje misógino y un tanto peyorativo hacía el género femenino, dado a que se compara  la mujer con Eva la que tentó a Adán,  la causante de la caída y por ende de toda desgracia en el hombre. Por lo tanto, en la obra se mencionan frases como: el capricho es la ley de la mujer (…) la mujer es como salomón en el amor, la sabiduría le es innato (…) la mujer es más amarga que la muerte dice salomón… la mujer es la fuente del mal y del dolor… la mujer lleva en el vientre la tragedia. Ibis pág. 24
Ahora bien, esta novela cuenta con  un fundamento eclético, pues el autor tiene la pericia de mezclar su inconformidad hacia la religión con su relativa apatía con las mujeres. Es por esta razón que constantemente hace alusión a los pasajes de la biblia (los salmos) y a historias de mártires religiosos, especialmente del antiguo testamento.
Para corroborar lo dicho anteriormente, en un fragmento de la novela Vargas Vila menciona que: el amor es el alfa y  omega: principio y fin de la existencia; es la maldición; es Eva, Jezabel, Judit, y Dalila, Raab y Magdalena; es seducción en el paraíso (…) Ibis PP. 21 esta comparación pone en manifiesto una fuerza revolucionaria del autor que invita de cierta manera al lector a desprenderse de su realidad inmediata.
Es por ello que Ibis tiene mucha relación con la vida del santafereño, porque aparte de manifestar sus pasiones idealistas, también revela algunas similitudes con Teodoro, personaje de la novela. Una prueba es el hecho de que los dos sean ilustrados libelistas, así como la barrera que éste anteponía hacia la religión y su simpatía por la ciencia.
Desde esta perspectiva, la voz de Vargas Vila se hace presente en su obra, pues novelas como La demencia de Job,  hace alusión a la historia bíblica, sólo que allí la paciencia no es la mejor virtud, más bien es la rebeldía y la injuria hacia los designios de Dios. O también María Magdalena aquella versión de la vida de Jesús, donde se ve representado el erotismo y la lujuria, y hasta el más santo de los hombres no está exento de caer en la tentación, y así  en muchas obras más se ven estas características.
En conclusión se demostró que los escritos de Vargas Vila ya no eran bien vistos por sus contradictores. Incluso llegaron hasta prohibir sus textos en la república granadina, no obstante, el santafereño quiso difundir sus ideas y esto no fue impedimento, para que finalmente se prolongara  la subversión Vargasviliana. Por eso, aunque algunas críticas hacia este autor fueron acertadas en muchos de sus ámbitos, no se puede dejar a un lado que Vargas Vila fue mentor de la libertad de un pueblo oprimido y la posible solución para muchos inconformes de aquella época.
PAUL RIAÑO SEGURA
AA.VV. Manual de literatura colombiana. (José María Vargas Vila). Educar Editores, 1984

lunes, 9 de julio de 2012

NOCHE DE VIAJERO


Decididamente llegas a casa y te encuentras en la situación de soledad y humo que has buscado desde muy temprano en la noche. Reina el silencio de los durmientes y te ampara la añoranza de saberte solo en medio de este resquicio que ha quedado del intento por cruzar el día. Y lo ves, quieto ahí en su ansiedad de ojo, esperando el momento para devorarte. Es otra vez Méndez Camacho, para asumir la soledad. Poemario.

Ansioso persigues el título que, por azar, ha quedado entre tus dedos,  y la imagen te cubre de súbito con  su ataque. Vienes hastiado de la noche y sus lugares –para ti los cotidianos, siempre nuevos para ella- y te recibe la rúbrica sencilla de aquello que muestra que no eres más allá de lo que dicte el poema en esta noche de viajero
que acusa
cuando  te sentencia:

Sudas, maldices en voz baja,
cierras los ojos y persigues
un sueño grato que tuviste
en la última noche de vacaciones.
Maldices otra vez
para apagar la luz
implorando que acabe la vigilia.

Hay un llamado a la oscuridad en estos versos, un reclamo para que acuda la noche y  el poeta pueda hundirse en el sueño. También ves hastío, una nausea cotidiana que asquea, ante la que no hay posibilidad distinta a la huida, la búsqueda infranqueable del camino hacia Morfeo, porque tal vez en los instantes del sueño puedes recordar la calma de los días, para vivirlos nuevamente, aunque cíclicos y miméticos. Ves que en las anteriores líneas  se encuentra un propósito negro que te ha ganado por completo. Palabras que relacionan el divagar de tu cabeza que se alborota cuando las letras confabulan para decirte que también te gana el miedo. Sudas. Maldices lo maldito de las letras. Te declaras devoto de la luz y asumes la esperanza del siguiente día. Sin embargo, el confabulado hace un nuevo ataque y te confirma que la noche se ha dispersado por los rincones de la casa y hace ruido. Cada objeto te punza
para que
lo consideres
cierto.
Entretanto,
la noche se diluye en ruido vanos:
El quejido del tren que sirve de cuchillo
para punzar la oscuridad,
el ajetreo de pasajeros y equipajes,
los minutos marcados
por el reloj de agua
de un grifo que gotea.

No molesta decir las cosas que se ocurren cuando se está solo, y se halla el hombre de bruces contra la palabra; tan seria ella. Entonces se hace evidente  de nuevo el  sudor y el cigarrillo es atraído por una mano que busca la seguridad, la calma. Afuera el bullicio es una estampida, la misma que se manifiesta en los pasajeros y equipajes que alucinan la tranquilidad de la voz poética, esa que después de apagar la luz da lugar a los imaginarios y las sombras provistas de vida, para que en medio de su  desvarío obsequie para la palabra misma la imagen del tren que rompe los tímpanos y vulnera la tranquilidad con mano criminal. El lenguaje es trasparente y no se anda con harapos o argumentos simples. Sólo el golpe fortalece, el reconocimiento de ser frágil, de azararse cuando Camacho asegura que eres viajero de la noche  condenado por tu propia mano y sometido por
 un misterio
siniestro
ante el que
Sudas copiosamente
y alargas la mano en la penumbra para buscar
-con ademán de ciego-
el frasco de los tranquilizantes,
y te encierras
en esa duermevela de viajero
que teme
noestar a tiempo en la estación
del siguiente día
para comprobar
                                         que tu impostada fortaleza erige una vez más el esqueleto que eres para los otros. Entonces, ante la evidencia de saberse despojado, solo y frágil, buscas de nuevo entrar en el sueño. Pero -sugiere el poema- te ves invadido por la imposibilidad de hallar consuelo, te desvelas y haces el mejor de los intentos para calmarte, en vano, pues los nudos noctámbulos se han cernido sobre ti para cegarte en el anhelo de un amanecer al que de seguro no  llegas. Lees trastornado nuevamente ese poema, Noche de viajero, teniendo la certeza de que está en tus manos el cuerpo completo de una cosa que te revela desnudo,
imposibilitado para la palabra,
la pregunta:
Cuál es tu viaje y hacia dónde,
cuál la ruta a seguir y
losmotivos que te obligan a  huir.
Como si fuese fácil
atreverse a dar respuesta
cuando no hay otra que no sea la misma que te ha llevado a consumir las letras en silencio. Sólo te sabes en las fauces de la sorpresa que el lenguaje teje alrededor de las veladas de locura rota. No eres más que las cosas que el poeta hilvana para trastorno de tus sentidos; la iluminación nocturna, la lucidez de saberse burlado por la palabra impresa que algún alucinado pronunció en su Cúcuta natal.

Jamás es necesario acechar bajo el nocturno para afirmar la carne de la presa entre las fauces; únicamente es anzuelo la escritura, que con su poder de palabra y de silencio, a decir de Drumond de Andrade, se consume a sí misma, pues  en la búsqueda
de contacto con
el verso efímero
Sería igual si hablara tu lenguaje
pues no hay idioma conocido
para intentar, siquiera,
una respuesta.

Al final, cansado de parpadearte la noche, concilias el sueño.  Ha sido un fracaso enfrentar el poder de la palabra, de ese lenguaje oscuro que aguarda más allá de lo nombrado  y tu evidente frustración. Te sueñas en medio de acertijos y al fin pareces hallar salida en el fondo de tu nocturno afán. Amanece, abres los ojos y nada parece haber cambiado, salvo tu noción de tiempo, y un poemario al que le falta una hoja, que en medio de la noche halló nido en ti para volverse miedo.

Omar Alejandro González Villamarín.
Ficha del libro:
MÉNDEZ CAMACHO, Miguel: Noche de viajero. EN: Para asumir la soledad. Poemario. EN: Exilio. Revista. No 19. ISSN 0122-0063. Bogotá 2009.