jueves, 3 de mayo de 2012

LOS DOCE INFIERNOS


Doce infiernos, doce cuentos en que el escritor cartagenero Germán Espinosa va a desarrollar una serie de sometimientos del ser humano por parte del juego, de lo sexual,  la existencia misma y el  olvido,  su erudición, de la dominación española en esas tierras que tanto ha obsesionado sus obras y que puede establecerse en el último cuento.
En casa ha muerto un negro, es el cuento que abre el libro, y de esta manera el lector se encontrará con el sometimiento racial moderno: un trabajo mal recompensado, humillado; esclavizado por su tono de piel.  
Dicho relato se intensificará, cuando dos personas están en el cuadro sospechoso de la muerte de “el negro”. El asesinato incrementa las reflexiones sobre un modernismo fuera de estas tierras y lleno de sobras, sobre lo que uno de los personajes con un pensamiento humanístico va a reflexionar: “…las grandes corrientes mundiales llegan tardías y debilitadas a Latinoamérica, y aplicaba este axioma al antisemitismo” p. 19. Son esas corrientes que empezaron la esclavitud, son esas mismas que intentaron acabarla, pero en las tierras suramericanas se han instalado tanto en nuestra piel como  cáncer que nos consume en nuestros actos y palabras.
En Una esquela para María Victoria, las calles capitalinas de la nación colombiana son el escenario para que una mujer reciba varias cartas que logran hacer perder la tranquilidad de ella y de su esposo (Antonio), pero que poco a poco… “Un admirador se había animado por fin, al empleo de palabras francamente impúdicas” p. 29. Esas palabras serán una fragancia de nostalgia por parte de Antonio, ya que él se sumergirá en las cuentas bancarias de los gastos mensuales  mientras se sucumbe en la oscuridad del desespero por saber qué tanto lee ella.
La imagen de un personaje literario como lo es Lucifer, puede manifestarse, evidentemente por su nombre, en el cuento llamado El ángel caído, pero este título no desarrollará su historia acerca de este individuo, sino que rompe con el relato de Adán y Eva. Regina es una mujer de altos modales, de una crianza y gran fortuna esperando una salvación para su eternidad carnal. El Adán que espera es de tierras lejanas y durante el relato va haber un rompimiento con las estructuras clásicas, ya que al parecer es una pareja perfecta de “alta” clase. Pero al darse cuenta que este ángel que tanto espera la decepciona en la cama, él mismo decide marcharse ya que “Sollozaba de un modo absurdo y chocante, como si experimentase dolor y repugnancia de sí mismo”. P. 46. Y aunque lo intentaron muchas noches, el resultado fue el mismo.
La muerte y la ausencia en una familia que necesita recordar a sus muertos por medio de la infancia es lo que se desarrolla en el relato La alcoba, donde el recuerdo y, tal vez, el odio de la vida por seres que no nacieron, hagan perpetuar el fantasma de la memoria. De esta manera, la existencia misma cobra un matiz distinto y confuso para desarrollar la idea, ya que en la lectura existe una conversación constante sobre la explicación de la enfermedad de un nonato, y sus descendientes: “-Creyó que todos sus hijos nacerían mutilados. Yo traté de explicarle que se trataba de un accidente. Es posible que su madre hubiese tomado medicamentos contraindicados durante el embarazo”. P. 57. Dentro de este relato parecerá que los muertos se vengan de lo que no hicieron cuando uno de sus hijos tome la palabra y siembre la reflexión, porque “… su existencia asquea”. P. 58. Es la existencia misma del recuerdo que va a perturbar a los personajes por medio de explicaciones sobre posibles abortos.
Los artistas dejan un legado, no sólo en sus obras, sino que también, en sus discípulos, en sus alumnos. Dentro del relato Los suplicantes, un maestro de pintura va a estar presente por medio de otras bocas, de otras voces, y de una mujer caleña, que ha seguido los trazos de ese pintor con nuevas técnicas, y conflictos sociales, y que ella misma, por medio de las conversaciones con el hijo de ese  maestro va a darle consejos… “Para que veás que, cuando se asumen los riesgos de una vocación, hay que ir en confianza”. P. 74
De los bares rugen las cadenas intuitivas en las reflexiones humanas, del misterio en el  dios romano Baco, se desarrolla un símbolo de lujuria y promiscuidad. Andrés, un músico que frecuenta lechos nocturnos para su libertad, conocerá en el bar “El Partenón”,  una oferta muy distinta a sus expectativas. Pasar de un abismo hacía otro es una manifestación del Moira, del destino que le preparaba una sorpresa en su talento musical cuando en uno de esos bares, donde las nalgas gordas y ceñidas hacían una representación de la armonía carnal del mundo, su amigo Erik realiza una propuesta francamente deslumbradora, pero “Él sabía muy bien que en Colombia habíamos pasado sin transiciones de la mula al reactor, pero ir de una banda de café a la Orquesta Sinfónica se le antojaba el colmo de las acrobacias”. P. 108. Nuevamente Espinosa nos hace recordar el aceleramiento de nuestra cultura, o la Culturización cultural, como lo iba a llamar más adelante en un ensayo del libro la “Elipse de la codorniz”.
Este aceleramiento, para muchos críticos, fue o es, una amenaza que parece formar parte de una estigmatización de razas, de conocimientos y de culturas, donde el eurocentrismo propone, pero que muchas veces impone sus desarrollos para moldear el mundo y sus ideologías. Este relato concluirá con un espectador de la Orquesta, que ha estado meditabundo mediante la lectura, y  que al manifestar su armonía con la música y el mundo, nos hace recordar  el mito de Prometeo  “…cuando las águilas de estuco agitaron las alas y se precipitaron sobre sus entrañas”. P. 113.
Pero la literatura puede apartarse por mucho tiempo de esta dominación eurocentrista y de su cosmovisión del mundo, ya que las influencias escriturales desempeñarán una larga tradición en el mar. Odiseo, va a estar presente en el relato Fábula del pescador y la sirena, pero a diferencia del personaje de Homero,  que tapa sus oídos con cera y  se hace amarrar al mástil del barco, un pescador hará parte de este canto, quien al arrojarse al mar conocerá los placeres que el humano puede otorgar.
A diferencia de la Sirenas homéricas (canto de ellas que sirve para atraer los extraviados y dar un no retorno),  es que no habrá un tiempo para tal situación, es decir, que no habrá tiempo para recordarlo todo y tendrá un orgasmo con las  sirenas que puede asquearlo, ya que  no hay una proximidad para un fin, sino que es un constante abrumador por medio de sus recuerdos,  de su mortalidad, y el pescador, intentando explicarle a uno de sus compañeros su tardanza en el mar, reflexiona con ciertas palabras filosóficas: “… porque no es la intemporalidad o la condición mortal lo que diferencia a los hombres de los dioses, sino la capacidad de perdón”. P. 102. Tal parece que al sumergirse en el mar con las sirenas, a lo que le advirtieron a Odiseo, devolverá a los mortales con una sabiduría, y no, como un mal en los mares de Poseidón. De esta manera, Espinosa le dará un giro distinto a esos seres maravillosos para recrearlos en las aguas colombianas.
La Inquisición y el más antiguo artilugio que tiene la mujer  para manipular o someter al mismo ser, es lo que viene a desarrollarse en Fábula del juez Melesio y de la bella inocente. La sensualidad, el sexo, es un mecanismo que los dos personajes vienen a manifestar, pero cuando el juez posee su cuerpo por medio de las acusaciones de brujería, ella describe este acto de una forma desesperada: “Vio monstruos grotescos e infernales bailar alrededor de una hoguera. Descendió a los infiernos y se sintió picada por el chuzo perpetuo de Satán,”. P. 130.   Pero este juez cae en el artilugio de la doncella, cuando se de cuenta que la rebelión de la raza afroamericana ha empezado y los súbditos del juez están caídos y su propio infierno empezará: “Vio a Melesio correr hacia la puerta interior, para quedarse hecho piedra al descubrir el esqueleto acuchillado y aspirar el vaho de tinieblas que arrojaba la casa”. P.132.
La erudición de este gran escritor colombiano, se manifestará en el cuento El río de los salmones sagrados, sobrela vida de Marcel Proust. Dentro de este relato se mencionará, con insistencia, otro gran escritor como lo es Kafka, una de las influencias, según Espinoza, de Proust, ya que éste decide tener un ayuno de literatura: “No leería más libros fuera de este. Para ser franco, hacía dieciocho años que no lo hacía”. P. 87. La angustia empieza a roer al escritor del cuento (Proust),  cuando su deseo de publicar lo haga escribir (inconscientemente) su autobiografía, y empiece Espinosa a darnos a conocer algo de la vida de este gran escritor, como que iba a ser abogado, que tuvo complicaciones con las lecturas, ya que “Era la historia de un escritor desesperado porque no se publicaban su obras”. P. 89. Dentro de este relato,  Germán Espinosa será paródico con el estilo literario del francés, cuando menciona que “… Marcel Proust vino a estropearlo todo lamentablemente”. P. 90.
Paladines, relato de un erudito sometido a una clase de tortura por medio de los recuerdos, y que es un  preso político. En el relato el narrador se convierte en su conciencia: “No puedes, no debes perder de vista esa posibilidad. Vas a convertirte en un asesino y eso no es lo peor. Lo peor será que estos carceleros te matarán a palos…” P. 138. Dentro de esta conciencia se va a contar la vida del preso, dentro de la malicia natural de asesinar y obtener su libertad girará el relato.
En el  último relato, llamado Las fábricas vidriosas, se destaca la estructura de su escrito (muchas comas, pocos puntos) además de sus grandes conocimientos de la cultura universal (conocimiento del francés, de la historia, y otros), a tal punto que puede ser una de las primeras manifestaciones para su gran obra La tejedora de coronas, novela de la ilustración y la inquisición. En este cuento la espera de sus objetos pueden enloquecer al narrador, en la soledad de sus memorias intelectuales, “Porque la insatisfacción aspira a ser una salvaguarda de la muerte, no un camino hacia ella… porque ya no hay remedio”. P. 162.
Finalmente, el lector al acercarse a este círculo de doce cuentos, estará empeñado, quizá, en continuar la obra de este gran escritor, que le dio a Colombia y a la literatura tantas aperturas a formas narrativas, a temas históricos, y someternos al recuerdo de grandes autores universales de la literatura. Cada uno de nosotros puede estar identificado con las intermitencias de estos infiernos.

LUIS FERNANDO ABELLO
FICHA DEL LIBRO: ESPINOSA, Germán. Los doce infiernos. Instituto Colombiano de Cultura, Editorial Stella, 1976. 

lunes, 9 de abril de 2012

LA DEMENCIA DE JOB DE JOSÉ MARÍA VARGAS VILA


La demencia de Job es una  novela publicada en 1916 en la que Vargas Vila cuenta las angustias y desolaciones de un joven sacerdote enfermo de lepra, que él mismo conoció en la vida real. La historia nació, según Vargas Vila, una vez se acercó a un pueblo donde decían habitaba un leproso. La curiosidad era inmensa, al igual que su miedo. Sin embargo, esto no fue un obstáculo para conocerlo y con sus propios ojos comprobar aquella abominación que abrumaba a la comunidad:

Para ver, apareció una mano, y luego un rostro entre los barrotes de hierro de la reja; un rostro de hombre; era ÉL; renuncio a describirlo, porque restaría emoción a las páginas subsecuentes de mi libro; sonrió; hubo como un rayo de sol sobre aquella faz de horror (...) pág. 14

En esta obra Vargas Vila relata la vida de Lucas Poveda, un joven solitario y soñador que vivía con su madre aislado de todo contacto humano por razones que él desconocía, y al verse envuelto en su soledad intransigente, decide exculpar sus emociones y sentimientos  en la poesía y en la pintura. En ese momento, tenía las ilusiones y deseos de un joven normal y la esperanza habitaba en él con todo su esplendor.

Y así vivió, hasta conocer su pasado y la respuesta de su exilio con la humanidad; la lepra una enfermedad que recorría toda su genética y como una marca imborrable debía llevar toda la vida.  Lucas decide convertirse en sacerdote para alejarse de males futuros, sin imaginar que esto lo llevaría a revelarse a dios con toda pericia.

Es así como Vargas Vila toma este personaje, Lucas, y lo relaciona con los desconsuelos sufridos por el santo Job, caracterizado por su paciencia y amor a Dios en la biblia. A diferencia de Job, Lucas no era paciente; por el contrario, no había momento en que no pusiera en cuestionamiento las acciones de Dios con la humanidad: a diario leía libros de filosofía que discrepaban con los designios de Dios, pues se sentía frustrado y sin un rasgo de esperanza por culpa del castigo al que lo había sometido:

El Eterno, es el enemigo del hombre; El Eterno, es el mal del hombre; el Eterno, es el dolor del hombre (…) y, eso porque el Eterno, creó la iniquidad, el mal, y el dolor, y los puso en el corazón del hombre (…) pág. 77

Esta rebeldía de Lucas hacia Dios se debe  al dolor, pues en la historia, Lucas es un personaje cautivo por este sentimiento; el dolor físico, psicológico y por supuesto el del alma. Lucas reprocha incesantemente a dios el dolor que engendró en la humanidad, puesto que el humano es un ser de sufrimiento. “El dolor nos guía durante el camino y es la prueba de estar vivo o la aproximación acérrima de la muerte”.
Cuando se crea el arte, se crea desde el dolor, si no es así no es un arte vivo, sino artificial, “el arte que no es vivo; vivo y palpitante no es arte, sino ficción” (pág. 1)  y si Dios en realidad ama al hombre, jamás debió castigarlo con tal prueba. Porque aunque crear arte desde el dolor es la mejor catarsis, no deja de ser sufrimiento y como lo describe Vargas Vila desde su personaje de Lucas Poveda “el dolor es una aproximación a la muerte”.

De igual manera, otro motivo que se devela en Lucas es la soledad. Este fenómeno tan común en el personaje, es la leal convicción que Vargas Vila utiliza para asemejar a Lucas a un mártir; un mártir acompañado de un odio pertinaz pero a la vez magnífico, dado que lo hacía lúcido, rebelde ante los designios y las leyes de la iglesia:

“El temor de Dios es el principio de la sabiduría” dicen los libros; y del amor de Dios no hablan nada (…) ¿puede amarse aquel que no ama a sus criaturas? Y, ¿puede amar a sus criaturas aquel que les dio el dolor? Dios creó el dolor ¿dónde está entonces la bondad de Dios?; Dios no creó el dolor ¿dónde está entonces el poder de Dios? (…) P 101

En ese sentido Lucas sentía que lo atrapaba la soledad. Sin embargo, ya había vivido tanto tiempo solo que no la sentía, por el contrario, la soledad es un aliciente para reflexionar sobre la vida y sobre uno mismo. Así lo demuestra Vargas Vila por medio de Lucas. Nosotros podemos sentir la soledad, sabemos que está allí, pero nunca la aceptamos, sólo dejamos que nos acompañe como pura resignación.

De esta manera, en la obra se percibe un aire de desolación, la sublimación y la obscuridad se reflejan con el transcurrir de la lectura, no hay pasajes donde no se encuentren rasgos de angustia y desesperanza aun en los momentos de amor. La relación de Lucas con la joven Marta  no es más que un romance tortuoso y sin rumbo o tal vez sí: la fatalidad.

Desde esta perspectiva, Vargas Vila logra gravar el personaje en cada episodio, sus ataques de locura y desespero son las características más importantes de Lucas, pues hace alusión al título de la obra; la demencia, aquella situación en que el hombre llega al límite de su pasión, y de cierta manera explota ante las adversidades y la conmoción que producen sus estados de ánimo.

Lo ilógico, es el riñón de lo divino; el verdadero nombre de la divinidad es la fatalidad; hay que gemir bajo ella; hay que cantar su gloria como Jonás en el fondo de la ballena, y los niños en el horno de babilonia; ¿no ves cómo en cada una de mis ulceras se refleja la bondad de Dios? (…)P 102

En términos generales, la obra llega al lector y en cada espacio enseña la actitud de Lucas. El recorrido que hace desde su pasado como joven sano y soñador hasta sacerdote leproso, define que Lucas es un personaje marcado por la desgracia, lo que va ligado al dolor y el sufrimiento. Pero también está rodeado del arte y la sabiduría. Es la más ferviente combinación que puede en los estados alterados llevar a la locura, la desesperación y  la demencia.

Paul Riaño Segura

Jose Maria Vargas Vila. La demencia de Job. Ediciones completas, 1916

lunes, 26 de marzo de 2012

NOTAS DE INFRAMUNDO

 A juzgar por los antecedentes – una serie de anécdotas surgidas en Buenos Aires y colgadas en un blog, un poco desteñidas a decir verdad- es Notas de inframundo la primera obra en prosa realmente seria de Alejandro Cortés González.  Aparte de ser creativo publicitario –tal como aparece en la pestaña de la novela mencionada- y de cierto perfil al mismo tiempo irreverente y elegante, a Alejandro Cortés no se le conoce en el campo literario nacional.
Notas de inframundo es el título de su primera novela, ganadora del concurso nacional de Novela Corta organizado por la Universidad Central en 2009. La novela cala bien en la convocatoria: 108 páginas con un interlineado agradable y hojas en blanco para el cambio de capítulos. De entrada, la extensión es un aperitivo para lectores con afanes lo cual no indica que la obra sea superficial.
Notas de Inframundo narra la historia de Leo Rodríguez, un metalero que se convierte en la comidilla de un grupo de facebook conformado por sus ex novias y encargado de deteriorar su reputación. La obra se mueve entre la exploración del misterio sobre la persona que está detrás del grupo y los recuerdos de Leo Rodríguez sobre su vida como bajista de la banda Bajo Tierra.
Debo decir que tengo un prurito frente a ciertos lugares comunes de las obras que exploran la vida de los rockeros. Me desencanta esa suerte de obsesión por mostrarlos como viciosos desmedidos cuya existencia azarosa termina siempre en la tempestad de la vida nocturna (algo de eso hay en la realidad, aunque no es apropiado caer en la estigmatización, como si en otras expresiones musicales no se cultivaran la violencia y los vicios abiertamente). Me desencanta igualmente, el que a los rockeros se les muestre torpes, casi siempre irracionales, entregados al hedonismo.
En la literatura colombiana se han ensayado imágenes de rockeros –músicos y fans- con diferentes niveles de acierto. Preferiría, en ese sentido, los melómanos de Las ceremonias del deseo de Sandro Romero Rey, a esa especie de profeta del Metal, protagonista principal de la novela Conciertos del desconcierto de Manuel Giraldo. Recuerdo asimismo el grupo de amigos de la rubia de Que viva la música de Andrés Caicedo y los devaneos de algunos personajes de Opio en las nubes de Rafael Chaparro Madiedo. En todos existe, por momentos o definitivamente, esa mezcla de sexo, drogas y música que en ocasiones se torna previsible.
Aunque no se aparta totalmente de esos lugares comunes, Notas de inframundo da un giro a la representación del rockero, en especial del músico, apuntando hacia las dificultades que existen –más, en un país tropical, con una insípida tradición en el género- de organizar una banda de Metal. En sintonía con el espíritu de la obra podríamos recordar el estribillo de una de las canciones de AC/DC, que con voz profética afirma: “It´s a long way to the top if you want to rock a roll”.
Siguiendo a Bon Scott, el camino para Leo Rodríguez –protagonista de Notas de inframundo- es largo y, sumaríamos, con una nota local, pedregoso. Rodríguez debe arreglárselas, por ejemplo,  para convertir su guitarra en un bajo (quitándole las dos primeras cuerdas), ahorrar con empeño para hacerse a un bajo de verdad (de “combate”, por cierto), y hasta sonsacar de la iglesia al tecladista de la banda, y de la orquesta del colegio al baterista. Por si fuera poco, luego de consolidada la formación, Rodríguez vive junto con la banda, la decepción de los contratos incumplidos o, en ocasiones, la injusta indiferencia –cuando no repulsa- del público. ¿Qué músico de rock colombiano no se siente identificado con este camino?
Detrás de todos estos inconvenientes, que Rodríguez narra con cierta sorna, emana lo que considero uno de los aciertos de la obra, acaso no del todo explorado debido al paginaje: el imaginario del músico de Metal. Es un imaginario construido en el placer de sentirse creador, pero también de ser reconocido por fans de diferentes pelambres. Es un imaginario que se soporta en la esperanza de que en cualquier momento la fama alumbrará ese camino de espinas y se vivirá por siempre de conciertos y regalías de discos. Es un imaginario que, como en el caso de Leo Rodríguez deriva en el afán por una vida sin compromisos, en contravía con la idea de éxito que ha engendrado la sociedad burguesa. Rodríguez afirma, en este sentido:
En conclusión, mi progreso ha sido seguir siendo igual. No estudié, no he trabajado en nada diferente a Leo Pan, la mensajería en la empresa de abogados y el bar; no me he casado, ni siquiera tengo una novia estable, no planeo tener hijos, no planeo nada. (77).
Esa faceta del rockero se desarrolla en contrapunto con la de sus relaciones sexuales y cuasi amorosas, en las que Rodríguez hace gala –en sintonía con su visión del mundo- de un cinismo provocador. En el afán de descubrir cuál de sus ex amantes es la responsable de los vituperios proferidos por la red, Rodríguez realiza otro ejercicio de memoria en el que pasan escenas de sexo que varían de acuerdo con la mujer de turno. Pese a lo fugaz de las relaciones, la caracterización de los personajes –Rodríguez y sus amantes-  no trastabilla, lo que es elogiable en una novela corta.
Acaso lo que aleje la imagen común de ese rockero que asegura su promiscuidad desde la fama mínima que le produce el ser músico, es la manera como Rodríguez expresa los inconvenientes en sus relaciones: regularmente lo hace con sentencias cortas, cargadas –ya se ha dicho- de cinismo y humor negro. Tal cual, por ejemplo, esta afirmación de Leo sobre una de sus conquistas: “Ella decía que mi esperma era azucarada y le gustaba mucho. Qué bueno que alguien haya encontrado mi lado dulce” (71).
Recapitulando, hay un equilibrio casi imperceptible entre las cuitas de un músico de Metal en Colombia y su actitud desenfadada, que termina por burlarse de la vida con todo y relaciones afectivas. A esto hay que sumarle, en el plano de la estructura, la conservación de un misterio que se mantiene hasta la última página y la descripción rápida que se hace de escenas y personajes. Finalmente los lectores pueden encontrar en la escritura de esta novela el mismo vértigo de un tema de Metal lo cual podría quitarle  méritos pero a la vez hacerla atractiva. 
Leonardo Monroy Zuluaga
Ficha del Libro: Cortés Gonzalez, Alejandro. Notas de Inframundo. Bogotá: universidad Central, 2005. 

lunes, 19 de marzo de 2012

ESTUDIOS DE LITERATURA

Los acercamientos realizados teóricamente a la literatura varían –por razones obvias- según la época,  la escuela a la que se inscribe el teórico y por la visión o experiencia del crítico con la o las obras que estudia. Esto indica –y ya se ha dicho antes- que la crítica guarda una gran fuerza ideológica, así esta sea explicita o se esconda en los llamados “vericuetos del lenguaje”. De tal forma que el abordaje de la crítica encierra un “juego binario” para el crítico y el lector de la crítica, pues este último pasa de ser, en principio, un expectante para llegar a ser un actor directo dentro de ella. Veamos por qué.
El “juego binario” inicia entre crítico y autor de la obra, pues el diálogo de discursos es una constante entre los planteamientos del crítico y el o los “horizontes” que el texto estudiado abre. Es así como inicia esa “conversación” a la que llamó Sartre de esta manera: “los libros son como voluminosas cartas a los amigos”. Ahora bien, para tratar el tema del lector de la crítica –papel que en este momento juego- este se da, como se mencionó líneas atrás, de manera expectante, dado que la lectura se presenta como el escuchar una disertación, en la que yo, sujeto lector, “desempeño” un papel –en principio- pasivo en ese ejercicio.
La pasividad es aquí entendida no en términos de quietud mental, pues es claro que el abordaje de un texto es ya una actitud que niega el quietismo. Ahora, ese papel que es en principio de pasividad cambia cuando realizo una lectura entre líneas, indagando, recibiendo, escuchando las voces que del texto me atacan por todos los flancos. En este orden la lectura se desarrolla como lo plantea Gadamer en una “mezcla de horizontes” cuya fuerza nos lleva a re-pensar la actividad lectora, más cuando esta trae consigo juicios de valor que quizá sesguen mi criterio valorativo sobre tal o cual autor.
En este sentido, lo planteado por Isaías Peña Gutiérrez en “Estudios de literatura” publicado en 1974, libro nutrido por siete aproximaciones valorativas sobre temas que competen a la Literatura Colombiana y el diálogo que esta innegablemente tiene con el mundo (concretamente el Latinoamericano) permite observar un trabajo destacado -que a grandes rasgos va a ser presentado- en cuanto a posibles nuevas formas de abordar el fenómeno literario colombiano.
El libro inicia con una valoración titulada “Génesis y contraposición de la narrativa: Colombia, 1960-1977” en el que se hace un rastreo interesante por aquellos fenómenos históricos y literarios que llevaron a que se desarrollara la llamada “literatura de la violencia” como género literario. Aquí el autor plantea un nombre para esta literatura, él la llama “Narrativa del bloqueo y del estado de sitio” haciendo alusión al bloqueo que padece la Cuba comunista como suceso latinoamericano y estado de sitio por la declaratoria presidencial en la Colombia de la época.
El criterio de llamar a la literatura escrita entre 1960 y 1977 como “Narrativa del bloqueo y del estado de sitio” personalmente me parece importante dado que responde a la típica pregunta de “¿por qué literatura de la violencia la escrita en las décadas de 60 y 70, acaso el país aún no está en guerra? O ¿en qué género queda inscrita la narrativa de las últimas tres décadas que tratan temas de la violencia?”
Preguntas que en apariencia sonarían como simples pero que traen consigo un gran número de interrogantes propicios para la discusión temática, pues no sólo es de forma sino de fondo lo que en este ensayo suscita Isaías Peña Gutiérrez. Es así como deja un interrogante mayor: "La narrativa del estado de sitio, como nombre, sólo tendría un inconveniente: que lleguemos al siglo XXI en estado de sitio". Año 2012, al parecer, la premisa se cumplió.
El siguiente ensayo titulado “El más allá y el más acá del “boom” de la literatura latinoamericana” plantea lo que en la actualidad se ha tornado recurrente y monotemático, pues siempre gira en torno a la piedra en el zapato de los escritores colombianos. Este autor cuyo nombre ha sido reducido a tres iniciales como la placa de un vehículo “GGM” lleva, y llevará el lastre de “verdugo de las letras Colombianas”. Es importante nuevamente contextualizar al lector que el texto aquí reseñado fue escrito en 1979, donde aún la discusión iniciaba y el culpable se señalaba con la uña del quinto artejo de pie.  
“Praxis y tendencia en “Tierra de promisión” de José Eustacio Rivera” es el tercer ensayo que presenta Peña Gutiérrez quien, a parte del diciente título, centra al lector desde las primeras líneas cuando afirma “Queremos ver el poema como una realidad externa al hombre pero jamás venida por generación espontánea. Analizarlo como un objeto pero no al estilo escolástico donde el objeto no tiene nada que ver con sujeto, como clasificación y realidad. Queremos penetrar en él entendiéndolo como una praxis creadora en un contexto social histórico” (pág. 45). Cabe anotar que en el transcurso de la lectura, esta toma rasgos estructurales, pues la forma de llevar el estudio a la poesía de Rivera cae en el análisis estructural de categorías, aunque no por ello este pierde validez.
Siguiendo con el estudio de la poética nacional son los timbrazos de un poeta quindiano los que captan la atención del lector, “Dos libros del poeta Luis Vidales” se titula el cuarto ensayo que presenta las dos más importantes obras poéticas del olvidado Vidales. “Suenan Timbres” libro por el cual se dio a conocer el poeta en 1926 cuando las sombras del romanticismo y el advenimiento del modernismo captaban la atención del público lector. “La Obreríada” publicada en 1979, medio siglo después de “Suenan Timbres”, hace parte también de esta interesante aproximación.
“Sonaron nuevos timbres o sonó el timbre porque el timbre no existía (existía la campana) en nuestra poesía: el timbre hacía  parte del desarrollo industrial en ese momento” (pág. 74). Si valoramos este juicio de Isaías Peña Gutiérrez podemos entonces comprender por qué a este poeta se le llamó “el verdaderamente nuevo” sin demeritar por supuesto lo hecho por León de Greiff y los poetas que integraron el llamado grupo de “Los Nuevos”. Ahora bien, lo que se plantea en el ensayo es –y haciendo la relación entre los libros- como lo dice el crítico “se necesita más aire en los pulmones para leer a  La Obreríada que para cualquiera de los poemas del anterior libro” (pág. 81). De esta manera se acentúa que la poética de Vidales no fue estática al pasar del tiempo.
“De Luís Carlos López a Ciro Mendia”  muestra una relación temática en estos dos autores, pues la sátira, el humor, la ironía entabla entre ellos vasos comunicantes a pesar de la diferencia espacio temporal, pues pertenecen a épocas distintas. “Por eso López y Mendia para estas notas solamente son dos poetas concomitantes y divergentes y, sobre todo, una poesía poco cultivada en Colombia” (Pág. 86).
“Aproximaciones a Las convulsiones de Luís Vargas Tejada” y “Apéndice: Poética y fonología” son los dos ensayos con los que cierra esta valoración de algunos aspectos de la Literatura Colombiana. En el primero de estos resalta la forma en que el sainete es utilizado por Tejada, aparte del estudio a los personajes y espacios escénicos de Las convulsiones. En el último se da una temática con un fuerte influjo teórico poco presente en los otros ensayos, el cual muestra acercamientos a la retórica tradicional, el encabalgamiento, el paralelismo, la rima.
Así pues queda presentado a grandes rasgos el libro de Isaías Peña Gutiérrez, el cual servirá para la discusión que gira en torno al hecho literario colombiano y cómo este entabla un diálogo directo con el mundo en general.

JHON EDWIN TRUJILLO
Ficha del libro: Peña Gutiérrez, Isaías; “ESTUDIOS DE LITERATURA”

1979 Ediciones el Huaco Ltda. Primera Edición Bogotá, D.E. Colombia