domingo, 12 de abril de 2009

EXTRAÑA BIOGRAFÍA: SOBRE UN LIBRO DE FERNANDO VALLEJO

La excentricidad ha sido una de las marcas de Fernando Vallejo, ya sea por su condena furiosa a íconos de la cultura colombiana (expresidentes, escritores, políticos), por sus salidas en público, acompañado en ocasiones de perros callejeros, o por sus invectivas a Dios y a la iglesia católica. Es un personaje del que no es posible hablar en términos medios. Debo confesar que disfruto con su humor negro y la graciosa acritud de sus argumentos, casi siempre destinados a levantar ampollas en quien lo escucha; pero debo confesar también que en ocasiones me agotan sus fórmulas reiteradas en la prosa, una especie de confesiones sentenciosas, con mucho realismo y de ironía.

Puede haber una discusión muy amplia sobre el carácter repetitivo de la obra de Vallejo, porque él mismo se ha encargado de presentar en sus novelas, tramas diferentes, para evitar la reiteración: la historia de un hombre unido a dos sicarios; la de Fernando, que ve cómo se deteriora la vida de su hermano, en medio de la dictadura familiar de una madre aprovechada; la de unos escritores colombianos que se encuentran en Barcelona para expiar sus errores; o la de un alcalde homosexual hermano de un narrador al tanto de defenderlo. Estas son solo revisiones pasajeras de algunas novelas que conforman su producción.

Hay un texto que, sin embargo, aunque no se desprende del todo de un estilo particular, es singular dentro del género en el que se ubica: se trata de Almas en pena, Chapolas negras. Dicho libro es una extraña biografía de José Asunción Silva, hecha a la luz de su cuaderno de contabilidad. Cualquiera podría pensar que a partir de un documento de este tipo es imposible hablar de los demonios y caídas de un ser humano y que hubiera sido mejor centrarse en lo excelso de su poesía o en testimonios de sus contemporáneos, para referirse a la vida de quien, en ocasiones como pieza de museo, en otras como verdadero actor de nuestra historia, ha dejado su obra para la posteridad. Pero la virtud de Vallejo está precisamente en encontrar al hombre detrás de las frías cifras.

La contabilidad de Silva le sirve a Vallejo para repasar algo de la historia nacional, con su habitual ironía: pasan Miguel Antonio Caro, los Holguín Sardi, Ismael Enrique Arciniegas, y en general toda la alta sociedad bogotana de principios de siglo XX. Su pluma es implacable. Por ejemplo, de Baldomero Sanín Cano –sin duda uno de los más importantes críticos colombianos de la historia del siglo XX- afirma lo siguiente: “…adelantó el alto ministerio de la enseñanza en escritos de un estilo descuidado y con una manía inconfundible, suya suya: la de unas perífrasis innecesarias, pendejadas, en lugar de simples palabras que habría usado cualquier mortal. Por ejemplo… en vez de decir ‘la abuela’ dice ‘la madre de su madre’”(130)

Ni qué decir de sus apuntes a los versos “y leve sienta en el dormido mundo/su casto pie con virginal recelo” de La luna, un poema de Diego Fallon, reconocido como figura de la poesía romántica en Colombia. Frente a él, el biógrafo de Almas en pena afirma “¿Casto pie? La castidad no se mide en el pie, hombre Fallon. Mas arriba. Cuando más arriba, en la boca, a Diego Fallon le daba dolor de muelas, dicen que la dolencia lo ponía a componer” (199)


El libro se presta para desarrollar una labor de ultracorrección del lenguaje, muy a tono con la época (finales del XIX y comienzos del siglo XX), y el espacio en el que se ubican los seres de los que habla (Bogotá); en ese ejercicio se ríe de la prosa rebuscada de una capital que se ha preciado, desde los tiempos de Silva, de desarrollar el buen decir. La agudeza de Vallejo deriva en una desmitificación, por vía del lenguaje –y de otros factores, como la corrupción-, de aquellos que se presentaron como adalides de un español bien hablado.

A Silva lo presenta como un santo, pero no por su castidad, aunque lo pareciera, sino por su habilidad para mostrarse incólume frente a sus problemas económicos: de acuerdo con la extraña biografía de Vallejo, Silva engañó a todos sus contemporáneos, haciéndoles ver una suficiencia económica que en los últimos días no tenía; se mantuvo fiel a su vida de lujos, tan propia del dandi francés, y engañó así a algunos de sus acreedores y contertulios.

La de Fernando Vallejo no es una biografía del poeta, ni del hermano con inclinaciones incestuosas (tal como han pretendido explotar los amigos del escándalo), ni si quiera del hijo responsable; es la de un ser humano que con sagacidad pudo mantenerse hasta el último momento en una posición económicamente digna, así sus cuentas estuvieran en rojo.

Más allá de la mitificación por vía de las virtudes, Vallejo lleva a Silva a un puesto honorífico de la historia de Colombia, sobre la base de uno de sus vicios: el engaño. Aquí reside realmente la fuerza de este texto, que a decir verdad, en ocasiones, entre tanta digresión del biógrafo y tantos datos sobre sus relaciones económicas, pierde fuerza. Hay que quedarse entonces con el humor negro, las invectivas venenosas frente a próceres de la nación y el juego de corrector del lenguaje que anima en especial las primeras partes; y, por supuesto, con esa hermosa imagen de Silva como ser humano con pecados.

Leonardo Monroy Zuluaga

Ficha del Libro: Vallejo Fernando. Almas en pena, chapolas negras. España: Aguilar/Altea/Taurus/Alfaguara, 1995.

martes, 7 de abril de 2009

“EL REGRESO DEL CAPITÁN” Y “EL ESPEJO DE MONSIEUR BAUDELAIRE” DEL TOLIMENSE CÉSAR PÉREZ PINZÓN.

En la narrativa Tolimense es satisfactorio encontrar producciones que intentan subvertir el estancamiento del desarrollo cultural del departamento y el país; dichos artefactos literarios invitan al cambio de manera seductora e imponen retos a todos aquellos que, de alguna u otra, forma hacen parte de los círculos académicos y culturales, tanto a nivel local como nacional.

Son propuestas que desean transgredir la tradición, y se convierten en materia prima para explicar la evolución y consolidación de un corpus literario. Tal es el caso de César Pérez Pinzón, quien dotó a la mayoría de sus producciones narrativas de una cuidadosa elaboración lingüística, de una preocupación por alternar técnicas poco convencionales y recrear conflictos que se anclaban en lo citadino.

“El espejo de Monsieur Baudelaire” y “El regreso del capitán” están incluidos en el libro titulado Hijos del fuego: son muestras literarias que podrían perfectamente inscribirse en un contexto universal e interpretarse a la luz de la modernidad narrativa, por las temáticas, las técnicas, el marco narrativo y el empleo de diálogo constante con otras obras.


En la propuesta de Pérez Pinzón, se nota la construcción de historias complejas, de tramas imbricadas, la alternancia de técnicas que recurren al extrañamiento, el índice falso y al legado histórico-cultural. Esto puede ocasionar conflictos al lector, quien necesariamente debe volverse cooperador para comprender ese enciclopedismo hábilmente trabajado y superar los niveles de una comprensión lectora elemental que puede llevar al desencanto y al abandono de los cuentos.

Es una prosa que explota el revestimiento del signo, en palabas de Alfonso Cárdenas Páez, es decir, rompe los limites entre lo real y lo ficcional, tras presentarlo en palabras que instauran una imagen densa y bella. A esto, Pérez Pinzón, suma personajes y hechos históricos veraces, pero transfigurados, reelaborados y presentados como producto del arte de la composición literaria.

En “El espejo de Monsieur Baudelaire”, por ejemplo, aparecen dentro de ese universo hábilmente ficcionalizado, seres de carne y hueso, como Edgar Allan Poe, Paul Verlaine, Stendhal y hasta el propio Baudelaire; figuras trascendentales, universales, brillantes, pero con el sino común de tener vidas conflictivas y destinos aciagos. En una palabra: malditos.

El cuento es una biografía ficcionalizada (de Baudelaire y Poe), acompañada por la constante divagación y autoconsciencia sobre el proceso de escribir. Estos rasgos están relacionados con la que se considera metaficción narrativa, pero tal vez no pueden etiquetarse como posmodernos, pues de tiempo atrás se encuentran dichas particulares en muestras literarias.

El libro en general no es un ejercicio de egocentrismo enciclopédico del autor, incluido forzadamente en el tejido narrativo, sino que expresa la habilidad para poner a dialogar íconos de la denominada alta cultura en diversos planos narrativos, apelando a la intertextualidad, la variación de narradores y la exposición de conflictos internos.

Es pues, tan valiosa la propuesta, que la misma narración parece esconderse, reinventarse, retar al lector tras mostrar un paralelo entre las vidas de Poe y Baudelaire para ocultar, entre estos personajes, hasta el mismo narrador.

Por otro lado, “El regreso del Capitán” es presentado por un narrador omnisciente que explora hábilmente la conciencia de los personajes y otorga, cuando es absolutamente necesario, la voz narrativa a los mismos; el cuento trata de la vida de un capitán de barco en su trasegar por el mundo marítimo.

Es una narración construida a través de recuerdos que muestran el comportamiento de los personajes en el presente de la historia. Las acciones de este cuento son bellamente configuradas, con el empleo de figuras literarias cómo el símil, la hipérbole, la personificación, entre otros recursos que alimentan al relato de frescura, fluidez y magia. Podríamos tan solo observar un ejemplo: “Ahora, en la madrugada ante un mar que respira un sueño apacible” (14).

Los recursos retóricos se complementan con la destreza del escritor para presentar, en un mismo plano, lo verosímil y lo inverosímil, por medio de la ensoñación, la evocación y la alucinación, para dotar al cuento de una magia contagiante.

Pero dicha sensación se convierte en la exposición de un dramatismo interno, y poco a poco esa belleza recreada en el marco narrativo se convierte en síntoma de nostalgia, desespero, soledad ante la errancia que choca con la esperanza y la resignación; es una eterna búsqueda por hallar el objeto de deseo.

Los espacios son importantes para el desentrañamiento de los sentidos: Mariupol y Berdichev son lugares que hacen parte de la infancia del escritor Joseph Conrad, quien puede ser el mismo capitán, o lo es, en la ficción narrativa. A estas pistas dadas desde el espacio se suma la constante mención de “Jessie” la compañera del errabundo capitán y acaso, posible esposa de Conrad, el escritor.

El peso de la narración -aparte de recaer sobre la figura del capitán- también está en James Wait y la obsesión de Conrad por la vida marina ha hecho que esos personajes creados sean los miembros de su tripulación que erra por los mares. Es una relación entre inventor-invención en la que esta última adquiere una autonomía sorprendente, y termina reflexionando acerca de su génesis, acerca de lo que la rodea; así mismo, se introducen personajes provenientes de otras producciones: Jim, por ejemplo, es un ser de una novela de Conrad que se incluye en el cuento.

Tal vez lo que más podemos destacar en estas producciones, es la recurrencia a relaciones que, desde Genette, se consideran como transtextuales y que se entienden “como la trascendencia textual del texto que lo pone en relación, manifiesta o secreta, con otros textos” 2. En “El regreso del Capitán” confluyen, por ejemplo, hechos históricos: desde el hundimiento de El Titanic hasta la batalla de Waterloo.

Es un collage literario donde aparece el mismo Joseph Conrad y su afición por el mar, atrapado por la soledad, hecho personaje de relato pero titiritero de sus creaciones. Por ello se hace necesario, para interpretar el cuento de César Pérez, tener presente las relaciones con otras obras. Estos enlaces textuales podrían interpretase como un humilde homenaje de Pérez para con Conrad -tal vez uno de sus padres literarios- , podría verse como ese deseo de consolidar propuestas narrativas alternativas que dan a conocer a su vez, obras como la del escritor polaco.

En resumidas cuentas, es notable el efecto producido por el cuento a partir del cambio de narrador y de focalización para presentar la vida del capitán del barco, de Conrad, y la búsqueda de sus objetos de deseo, pese a que en la narración se menciona por medio de la omnisciencia y la voz del propio Conrad de papel. Ambos cuentos muestran a un escritor que dejó la madurez de su intelecto en obras de un enciclopedismo profuso y que se convierte en un referente, tanto de la narrativa colombiana, como de la del Tolima.


JOSÈ ALEJANDRO LOZANO CARDOZO
Alejocar23@yahoo.es

Ficha del libro: Pérez Pinzón, César, “El regreso del capitán” “El espejo de Monsieur Baudelaire”, En: “Hijos del fuego”, Bogotá, Alcaldía mayor de Bogotá, Instituto de cultura y turismo, 2002.

NOTAS 1. Gerard Genette: Palimpsestos: la literatura a la segunda potencia (págs. 53-62), Madrid, Taurus, 1984.

sábado, 4 de abril de 2009

VILLASAURIOS DE HECTOR SANCHEZ: UN ANACRONISMO CON VIGENCIA

Como las flores que brotan trajeadas de gracia,
también había nacido con la malicia indígena
lo revelaría desde niño como el terror de los tramposos,
son los tramposos, casi indescifrables.

HECTOR SANCHEZ
GATILLO LÒPEZ

Hablar de Héctor Sánchez es referirse a uno de los escritores tolimenses que a pesar de ser reconocido regionalmente, ha tenido, en los últimos tiempos, poca trascendencia nacional, aun cuando su obra ha sido publicada en diferentes países de habla hispana. Él es quizá de los pocos narradores que ha dedicado todo su tiempo a la literatura (como una verdadera forma de vida) y se ha sostenido únicamente con lo que puede “arrancarle” a las letras –si es que deja algo más que la satisfacción personal. La selección de cuentos Villasaurios es publicada en 2004 por la editorial Pijao y hace parte de la colección “Libros de bolsillo”, dentro de la que figuran importantes escritores del departamento y la nación, lo que supone que su inclusión en ella, es otra muestra de reconocimiento para este escritor.

Villasaurios hace énfasis en el relato de las anécdotas de los habitantes de pueblos apartados y las vicisitudes de los hombres que dependen del funcionamiento del estilo de vida campesino, y que se debaten entre problemáticas de otros tiempos y postulados contemporáneos de pensamiento. Aquí precisamente es donde creo que la selección de cuentos gana validez, pues el hecho de retomar elementos que actualmente son anacrónicos y darles un giro hacia problemáticas que involucran al ser contemporáneo, otorga un matiz de pertinencia que justifica, incluso, el título del libro.

Villasaurios me refiere soledad, me genera un ambiente de tedio, mucho sol y antigüedad; es como una parte remota que se niega al progreso y se cierra en una cápsula en la que el avance no existe y sólo queda el individuo ajeno a un mundo globalizado y tecnológico. Sin embargo, en esa cápsula habitan personajes hermosos, como “Los Chilinchiles”, personajes que comprometen y encarnan el despotismo y el nihilismo en que viven ciertos renglones de las sociedades provincianas, dadas al hedonismo y la vaguedad, al licor y la vida fácil. Aunque es este aspecto, el de cierto ruralismo, el que sobresale en todo el libro (los personajes poseen nombres que parecen sacados de un directorio telefónico arcaico), las problemáticas que enfrentan son tan complejas, que sólo la pluma versada de Héctor Sánchez logra articularlos con sus esfinges y caracteres.

La idea de la cápsula se genera al comparar las anécdotas de los cuentos, ya que todos los personajes aceptan que existe la ciudad y el progreso, pero prefieren la cotidianidad tranquila, dormitada y pendenciera en la que sus vidas se alejan del afán, el caos y la urbanización descontrolada. “No hay forma de saber cuándo empezaron a hacernos creer que más allá de lo conocido, hay cosas que debemos tomarnos en serio” dice el personaje de ese bello cuento Alas altas, a la baja. Se me antoja decir que incluso el mismo Héctor Sánchez es uno de esos personajes que prefiere el sosiego y la tranquilidad al agite en el que sus ojos no quisieran más que desviar la mirada del asfalto y el smog, de la paranoia y la esquizofrenia en que habitan los hombres de la urbe. Quizá por eso comprendo la hermosa vida de ese otro personaje que pasa su eternidad al amparo de un palo de guayabo y en la observación de las nubes y los pichones que lo rodean.

La madurez en la idea se refleja en la sencillez de la escritura y la contundencia de la imagen, y para Héctor Sánchez parece ser cotidiano el lenguaje sin trampas, sin mecanismos, sólo las palabras, las simples y cotidianas pueden descifrar el universo de Villasaurios; no existe otro lenguaje que pueda acercarnos a la verosimilitud de sus anécdotas, contadas con una poética provista de luz y alegría, pausada y precisa.
En Villasaurios el lector podrá encontrar el aire de la anécdota clásica, la sobriedad de la escritura, y sobre todo, un espacio para reírse de las desgracias que acompañan a los seres humanos de una ladea olvidada en la memoria de un escritor, que también se ríe a carcajadas del progreso postmoderno y sus cargadas formas de escritura.

OMAR GONZÁLEZ.

Ficha técnica del libro:
Héctor Sánchez. Villasaurios. Ibagué: Pijao editores,.2004.

miércoles, 1 de abril de 2009

UNA CONVERSACIÓN CON GERMÁN ESPINOSA

“Germán Espinosa fue un periodista por necesidad y narrador, poeta y ensayista por vocación”.
La revista Nueva Gaceta
se ha caracterizado, principalmente, por abordar asuntos políticos, económicos y sociales de carácter nacional e internacional. Sin embargo, los ha alternado con otro tipo de textos cuyas temáticas rebasan estas esferas y se incrustan dentro de la necesidad de visualizar ciertas manifestaciones de la cultura, el arte, la música y la literatura. En este sentido, el número Catorce de esta revista se encargó de destacar al escritor colombiano Germán Espinosa, a partir de un texto que revela algunos matices de su pensamiento y obra. “Conversando con Germán Espinosa”, es una conversación que el profesor de Literatura Latinoamericana de la Universidad del Atlántico y director de la revista La casa del Asterión, Manuel Guillermo Ortega, sostuvo con el escritor colombiano.
Esta, según el profesor Ortega, “trata de indagar en su cuentística ciertos aspectos relacionados con la identidad cultural caribeña” y hace parte de la investigación que en el área de Literatura de la Universidad del Atlántico, viene realizando con los críticos Ariel Castillo Mier y Alfonso Rodríguez Manzano, bajo el titulo “El cuento caribe colombiano: Poéticas, historia e identidad”

Para estructurar una conversación “tan reveladora”, Manuel Guillermo Ortega realiza unas preguntas certeras, que se encuentran respaldadas por un estudio de la narrativa de Germán Espinosa, teniendo en cuenta conceptos y categorías de la teoría literaria. Esto le permite estructurar el dialogo en torno a una serie de tópicos que ponen de relieve las influencias que caracterizan su escritura: algunos rasgos presentes en sus textos, especialmente una concepción del mundo tejida desde el Caribe, como lo afirma Manuel Guillermo Ortega; sus inclinaciones por el genero fantástico y los subgéneros de ciencia-ficción y policiaco; el lugar que ocupa, dentro de su narrativa, el sexo y el erotismo; la relación entre sus cuentos y sus vivencia personales; y algunas reflexiones acerca del proceso de creación literaria.

Aparte de encontrarse inserto dentro de una investigación, “Conversando con Germán Espinosa” se constituye en un texto valioso, por una parte, porque destaca de Espinosa su rol de narrador (novelas y cuentos) y minimiza su papel de periodista y, por otra, porque revela algunas claves que pueden permitir un acercamiento mas certero a la obra de este escritor colombiano.

De manera mas concreta, puede “ilustrar” a estudiantes y profesores de literatura en algunos aspectos que a veces se obvian y que hacen parte del ejercicio de análisis e interpretación del artefacto literario. En últimas traza un horizonte mas claro para acercarse a obras como La noche de la Trapa, 1965; Los doce infiernos, 1976 y Noticias de un convento frente al mar, 1988. Basta esperar que los ecos esbozados por Nueva Gaceta garanticen un mayor número de elementos conceptúales para abordar esas obras que cuestionan y controvierten la realidad y anuncian un futuro no muy lejano.

Gabriel Bermúdez
Ortega, Manuel Guillermo. “Conversando con Germán Espinosa”. En: revista Nueva Gaceta. 2008. N° 14. Paginas 6-14.